Año perdido
Luce que las naciones asiáticas de nuevo le llevarán ventaja en lo que concierne a la recuperación

Puede ser que el temperamento latinoamericano lo motive, o es quizás un reconocimiento de la realidad. Pero cualquiera que sea su causa, en los reportes acerca del comportamiento económico de los países de la región, abundan las referencias a las oportunidades que se han pasado por alto, a años y décadas perdidas, y a la recurrencia de la misma clase de problemas de una a otra generación.
Por lo menos en cuanto a las consecuencias de la pandemia, los latinoamericanos no fueron los únicos afectados. Aun así, luce que las naciones asiáticas de nuevo les llevarán ventaja en lo que concierne a la recuperación, lo que en parte obedece a la mayor dependencia de los bienes básicos y el turismo. Los eventos en torno a la pandemia fueron muy inusuales, pues los más expuestos a fallecer fueron los envejecientes, pero los más lesionados por las medidas tomadas para contenerla fueron los jóvenes, especialmente aquellos que iban a incorporarse al mercado laboral. Esa dicotomía entre salud y economía mermó el cumplimiento y la efectividad de las disposiciones gubernamentales, presionó a las autoridades para que flexibilizaran las restricciones, y retrasó el control de los contagios. La existencia de una vinculación entre la edad y la gravedad de los síntomas, dio pie a un sentido de fortaleza entre las personas más jóvenes, cuya preocupación primordial pasó a ser el deterioro de las condiciones económicas.
Más que perdido, el 2020 fue un año de retroceso. No obstante, a diferencia de otras recesiones, usualmente detonadas por crisis sectoriales, estuvo ausente en este caso un origen de índole económica, dado que la causa fue equivalente a un desastre natural. Pero a diferencia de otros desastres naturales, la infraestructura física permaneció esencialmente íntegra. La combinación de esos dos factores, origen no económico y preservación de los medios de producción, hace posible que una vez vencida la pandemia el retorno al crecimiento sea más veloz.
Gustavo Volmar