Ahora, las consecuencias
En lo que va del presente siglo, el concepto acerca de las emisiones monetarias ha variado
En lo que va del presente siglo, el concepto acerca de las emisiones monetarias ha variado. De ser visto como un mecanismo excepcional, usualmente nocivo, se transformó en un recurso salvador, justificado como forma de sacar de problemas a las economías. La recesión del 2008 y más adelante la pandemia, suplieron los escenarios en los que la creación de dinero limpió la dudosa reputación que anteriormente tenía. Amparados por interpretaciones acerca de doctrinas keynesianas, algunas fuera del contexto en que se formularon, técnicos y organismos internacionales abandonaron su habitual prudencia y se sumaron al entusiasmo que alguien suele sentir cuando puede, sin consecuencias perjudiciales, hacer algo que antes despertaba reacciones críticas. Pudieron crear medios de pago a su mejor criterio, sin mayores cortapisas, suprimiendo el vínculo entre las tasas de interés y la productividad, llegando al punto de auspiciar teorías que elogiaban déficits fiscales ilimitados y mercados financieros dependientes de los estímulos monetarios.
Las consecuencias están viéndose ahora. En enero, la inflación en los EE.UU. alcanzó una tasa anualizada del 7.5 %, su mayor nivel desde 1982. En países como el nuestro, la inflación es un factor que ya está creando tensiones sociales. Fue, por ejemplo, uno de los temas que gravitaron con más fuerza en las recientes elecciones costarricenses. Y aquí, a un ritmo del 8.5 % el año pasado, ha obligado al Banco Central a subir las tasas de interés de referencia, las cuales aún permanecen en terreno negativo en términos reales.
Los gobiernos, por supuesto, atribuyen la inflación a causas externas que cambian según el país de que se trate. Pueden ser el costo de los contenedores, la escasez de chips, malas cosechas, retrasos en los puertos, interrupciones en las cadenas de suministro, el precio del petróleo, inundaciones u otros motivos. Pero el hecho es que a escala global, la inflación deja de ser externa y pasa a ser interna.

Gustavo Volmar