(Fotos: Shutterstock)
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Trucos de belleza que salen del bosque

Por|| 26 JUL 2018, 10:27 AM

Sin salir de los bosques tropicales, las comunidades que los habitan aportan a la industria cosmética global ingredientes, conocimientos y hasta una conexión renovada con la naturaleza en la elaboración de cremas faciales, jabones o aceites.

Tradicionalmente los productos de belleza e higiene solían obtenerse de plantas, animales y minerales, muchos de ellos de origen forestal, pero la industria se encargó luego de llenar el mercado de sustancias sintéticas, sobre todo derivados del petróleo y el gas natural.

En los últimos años, sin embargo, la mayor conciencia social por el medioambiente y la salud ha influido en el uso creciente de cosméticos naturales y orgánicos a nivel mundial, según un estudio recogido por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Si en 2014 ese sector tenía un valor estimado de 460.000 millones de dólares (393.300 millones de euros), en 2020 podría alcanzar los 675.000 millones de dólares (581.500 millones de euros) en 2020.

Las comunidades forestales han visto en esa tendencia una oportunidad de aumentar sus ingresos, como en la reserva de la biosfera Nilgiri, en el sur de la India. Allí las personas indígenas viven de la agricultura, la artesanía o el pastoreo, pero “siempre en coexistencia con los bosques” y “conectadas con la naturaleza”, sostiene a Efe Shiny Rehel, coordinadora de un programa en la zona de la fundación Keystone.

Rehel ayuda a la población local a potenciar el uso de una especie conocida como jaboncillo, que sirve para limpiar y lavar, pero también como medicina o pesticida.

“Necesitamos desarrollar el producto, ya que todavía tenemos una receta básica, y añadirle valor, pues una vez recogido se sigue comercializando como materia prima” a través de intermediarios que la llevan hasta países como Bélgica o Alemania con el sello de comercio justo, precisa.

En su opinión, esos grupos de personas vulnerables deben aún aprender la formulación del producto, ya sea un champú de hierbas o un jabón, y guardar la documentación para defender sus derechos intelectuales, sin descuidar otras tareas como evitar la sobreexplotación del recurso o almacenarlo en buenas condiciones.

La asesora del Programa de intercambio de productos no madereros Nola Andaya aseguró que “los conocimientos tradicionales continúan inspirando la industria de los cosméticos, vinculada con la del bienestar”, que movió 3,7 billones de dólares (3,1 billones de euros) en 2018.

Un estudio de esa red de 60 ONG examinó las perspectivas que ofrecen distintos productos forestales en la región de Asia-Pacífico para el cuidado de la piel, del cabello y del cuerpo en general.

Desde el espino amarillo, un arbusto que crece en el Himalaya, hasta el konjac típico de Camboya, el lanzonés de Filipinas o la cúrcuma de la India, que no es extraño ver mezclada con miel, leche o coco.

Trucos de belleza que salen del bosque

El sándalo es otra de las esencias con nicho de mercado a nivel internacional, lo que ya llevó al agotamiento de su comercio en el siglo XIX: entonces la falta de regulación y los precios lucrativos hicieron que las reservas quedaran diezmadas en las islas del Pacífico.

Ahora, lo poco que se produce en esos lugares, sobre todo en Vanuatu, procede principalmente de los bosques, mientras que en Australia se ha establecido una gran plantación para sacarle partido.

Por otro lado, en Vietnam, la tribu de los Dzao rojos ha encontrado un filón turístico en sus baños a partir de una variedad de plantas medicinales recolectadas en el bosque y, para reforzar su negocio, se han constituido en una empresa.

También han sido construidas fábricas de procesamiento y empaquetamiento en los propios países tropicales, dijo la experta indonesia Nuning Barwa, ante la expectativa de que el mercado de lo orgánico y natural mueva en el mundo 20.000 millones de dólares (17.240 millones de euros) para 2024.

Andaya se muestra, no obstante, cautelosa, puesto que las comunidades pueden recibir muy poco en comparación con el alto precio que se llega a pagar por esos productos y necesitan acceder a los recursos y conocimientos (lo que no siempre es posible) para cumplir los estándares y defender la calidad de su materia ante otros competidores.


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