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Yoweri Museveni
Yoweri Museveni

Yoweri Museveni, de guerrillero por el pueblo a eterno presidente de Uganda

A sus 81 años, Museveni obtuvo 7,9 millones de votos (71,65 %), según los resultados oficiales de los comicios presidenciales

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Yoweri Museveni, de guerrillero por el pueblo a eterno presidente de Uganda
Automovilistas pasan junto a una valla que muestra al presidente en ejercicio y candidato presidencial del Movimiento de Resistencia Nacional (NRM), Yoweri Museveni, en Kampala, Uganda. (EFE/EPA/ISAAC KASAMANI)

Si de algo sabe Yoweri Museveni, es de mantenerse a flote y planificar para cumplir sus objetivos. Después de cuarenta años en el poder y respaldado por una maquinaria estatal que obstruye sin reparos los actos de la oposición, ha logrado este sábado una nueva victoria electoral, al ser declarado ganador de lo comicios presidenciales del pasado día 15.

A sus 81 años, Museveni obtuvo 7.9 millones de votos (71.65 %), según los resultados oficiales anunciados por el presidente de la Comisión Electoral, el juez Simon Byabakama.

El presidente, que lograría pues su séptimo mandato, se dirige a los ugandeses como "bazzukulu", que significa "nietos" en luganda, uno de los idiomas más hablados del país.

A menudo se presenta como un abuelo imprescindible: una figura anciana y sabia que se considera la única capaz de liderar Uganda y preservar la paz.

Desde semanas antes de la votación, recorrió el país —aunque a un ritmo quizás más lento que en otras campañas— con su característico sombrero de ala ancha y su discurso habitual: promesas de desarrollo económico mezcladas con relatos de su pasado como guerrillero y su etapa posterior como mandatario al frente de un país destrozado.

Y es que Museveni ha transformado Uganda. El 26 de enero de 1986, tras liderar una guerra de guerrillas de cinco años contra el régimen de Milton Obote y movilizar a buena parte de la población civil, sus combatientes tomaron la capital, Kampala.

El veterano mandatario presume de haber encabezado el único grupo rebelde de África que, sin una base sólida de apoyos y con pocos colaboradores externos, consiguió derrotar a un ejército profesional y liberar a su pueblo.

"Nuestra victoria no tiene precedentes en África; sólo Cuba y posiblemente China hicieron algo comparable", escribió Museveni en su autobiografía, "Sembrando la semilla de mostaza".

Empezó su presidencia, aún vestido con uniforme militar, entre promesas de restablecer la democracia, construir un gobierno moral y crear una nación industrial, moderna y autosuficiente. Sin embargo, algunas voces académicas nunca confiaron en esas promesas grandilocuentes.

"Museveni era demasiado militarista. En lugar de atraer a otros a su causa, pensaba que, mediante el uso de las armas, podría liberar algunas regiones y que eso serviría para sumar apoyos. Su visión era alcanzar el poder gracias a la fuerza de las armas", dijo a EFE el profesor y activista ugandés Yashpal Tandon, quien conoció al entonces guerrillero en los años 70.

Cinco décadas más tarde, el régimen de Museveni destina cerca del 14 % del presupuesto estatal a defensa y seguridad -frente al 8 % para educación y otro 8 % para sanidad-, y la campaña electoral ha estado marcada por los bloqueos de los mítines de la oposición y el arresto de centenares de críticos.

De marxista a aliado de Occidente

Museveni creció en una familia de ganaderos del oeste de Uganda y vivió la independencia de su país del Reino Unido siendo adolescente, fascinado por discursos de pensadores como Walter Rodney, Frantz Fanon o Julius Nyerere, primer presidente de Tanzania.

Esa influencia lo llevó a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Dar es Salam (Tanzania), entonces la capital intelectual de la izquierda africana.

Estratega y ambicioso, allí conoció a Nyerere, recibió formación militar y se unió a las tropas rebeldes que, con el apoyo del Ejército tanzano, derrocaron al presidente ugandés Idi Amín Dada en 1979.

Un año después, Milton Obote regresó al poder, tras unas elecciones marcadas por irregularidades, y Museveni le declaró la guerra.

Restauración del país

Tras tomar el poder, Museveni necesitaba recursos para restaurar un país devastado por décadas de inestabilidad y abandonó su retórica marxista para abrazar las políticas neoliberales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se convirtió en uno de los principales aliados de Occidente en la región.

Heredó una nación en ruinas —en 1986 había menos de 100 centros de salud en todo el país y la esperanza de vida era de 48 años—, pero logró cambiar de rumbo: Uganda se mantuvo entre las diez economías de más rápido crecimiento del mundo hasta hace poco más de una década.

Sin embargo, en Uganda, uno de los países más jóvenes del mundo —el 80 % de la población tiene menos de 35 años y no ha conocido a otro presidente en el poder—, los relatos de las guerras pasadas y las hazañas de reconstrucción nacional pertenecen a un tiempo lejano y polvoriento.

Muchos ugandeses han dejado de ver a Museveni como el líder que detuvo décadas de inestabilidad y lo perciben como un dirigente bajo cuyo mandato, pese al crecimiento macroeconómico, el 75 % de la población sigue empleada en el sector informal, según la ONU, y carece de ingresos regulares.

Aun así, Museveni insiste en que su proyecto no ha concluido, presentándose como el único capaz de mantener a Uganda en el rumbo actual.

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