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Irán: una guerra desigual que camina hacia el desgaste sin ganador evidente

Teherán ha activado una estrategia de supervivencia con misiles, drones menos costosos y la presión en el estrecho de Ormuz

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Irán: una guerra desigual que camina hacia el desgaste sin ganador evidente
Iraníes recogen sus pertenencias entre los escombros de sus edificios residenciales dañados en el centro de Teherán, Irán. (EFE/ ABEDIN TAHERKENAREH)

El futuro de lo que va a pasar en Irán es complejo de vaticinar, pero expertos consultados por EFE coinciden en que la de Irán es una guerra asimétrica, donde el poderío militar de Estados Unidos e Israel es superior, pero la victoria aún no está decantada y parece caminar hacia un desgaste donde Teherán busca resistir para salir airoso.

Donald Trump dijo el miércoles que la guerra contra Irán "está ganada", pero en sus primeras palabras como nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí aseguró este jueves que no renunciarán "a vengar la sangre de los mártires" manifestando que siguen en la batalla.

Y mientras EE. UU. e Israel continúan disparando costosos misiles a Irán, Teherán ha activado una estrategia de supervivencia con misiles y drones menos costosos y la presión en el estrecho de Ormuz.

Una guerra asimétrica

El diagnóstico de los analistas es claro: sobre el papel, no hay paridad. "Es una guerra desigual y asimétrica", explica a EFE Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano.

Según Arteaga, a Washington y Tel Aviv "este tipo de guerra aérea les favorece" porque pueden atacar casi sin oposición objetivos estratégicos.

Sin embargo, la superioridad militar no garantiza una resolución rápida.

Federico Aznar, analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), apunta a EFE que, aunque el Ejército iraní está atrasado, hay un matiz entre eficacia y eficiencia: "Para el régimen iraní debe ser una guerra eficaz porque su propia subsistencia está comprometida. Para Occidente debe ser una guerra eficiente porque está limitada por el daño económico que puede afrontar".

Tras la llamada Guerra de los doce días de junio, Irán se preparó descentralizando a las provincias la producción de armas y la capacidad.

Así, la respuesta inicial fue masiva y buscaba el "todo o nada", aunque ahora Teherán se enfrenta al agotamiento de sus misiles y drones, mientras sus fábricas y almacenes son constantemente bombardeadas.

Paso a la guerra de desgaste

Ante la imposibilidad de ganar un duelo cara a cara, Irán ha optado por la "horizontalidad": expandir el conflicto geográficamente para tocar los puntos débiles del adversario. El epicentro ahora es el Estrecho de Ormuz, fácilmente controlable desde el litoral iraní.

Este jueves, el general Alireza Tangsiri confirmó que Irán mantendrá cerrado el paso estratégico siguiendo las órdenes de Mojtaba Jameneí. La respuesta de EE. UU. denota la complejidad del escenario: el secretario de Energía, Chris Wright, admitió a CNBC que la Armada no está lista aún para escoltar tanqueros.

Además, Irán parece que ha adoptado el uso masivo de drones, emulando a Ucrania. Según Aznar, este es, "sin lugar a dudas, su modelo estratégico".

El envío de un enjambre de drones busca saturar el imponente sistema de defensa israelí: "Un solo dron es fácil de derribar; lo normal es mandar todos los que puedan para incrementar la probabilidad de que alguno pase", detalla Arteaga.

Estos drones, a menudo dotados de bombas de racimo (prohibidas por los convenios internacionales), causan un impacto moral y civil. Pero Arteaga advierte que la capacidad iraní tiene límites y la reposición no es tan evidente: "Irán cedió drones a Rusia que ahora echará en falta y sus fábricas están bajo ataque".

Además, en las guerras, recuerda Aznar, todo depende de la adaptación de cada bando, y ya se están desplazando especialistas en combatir drones desde Ucrania.

¿Es sostenible mantener la guerra?

Según un reporte de 'The New York Times', el Pentágono estima que el coste de la guerra superó los 11,300 millones de dólares solo en los primeros seis días. En las primeras 48 horas se consumieron 5,600 millones de dólares en municiones.

La disparidad aquí también es evidente: la primera oleada estadounidense incluyó armas de lanzamiento AGM-154 que rondan los 578,000 y 836,000 dólares y los misiles interceptores Tamir de la Cúpula de Hierro israelí cuestan entre 40,000 y 50,000 dólares (aunque algunas fuentes apuntan incluso a 100,000).

"Mantener una relación de derribos del 80 % o 90 % es muy caro; cada misil Patriot puede superar el millón de dólares", explica Arteaga.

Por el contrario, los drones iraníes Shahed cuestan entre 20,000 y 50,000 dólares. "Irán ha desarrollado una industria enfocada en capacidades con precisión suficiente y coste razonable", añade Arteaga.

Más allá de los costes armamentísticos, Aznar recuerda que la población iraní tiene una alta capacidad de sufrimiento, aunque el descontento interno es masivo. Pero también la sociedad israelí está acostumbrada al sonido de las alarmas y a resguardarse en búnkers.

Y... ¿quién va a ganar?

La victoria es hoy difusa.

Para Occidente ahora mismo el éxito sería restaurar el flujo comercial de crudo; para Irán, el simple hecho de resistir ya es un triunfo; para EE. UU. e Israel en principio era que Irán no consiguiera el arma nuclear y descabezar el régimen, pero ahora mismo es difícil determinarlo y cuanto más se prolongue la batalla, más huele a derrota para ellos.

"Si el bloqueo (de Ormuz) se mantiene, la Administración Trump se enfrenta a una derrota: una guerra larga, un fracaso económico y pérdida de vidas", sentencia Arteaga.

Aznar sostiene que el cambio político en Irán debe ser interno y que "una guerra es un mal momento para conseguir un cambio de régimen".

En definitiva, la superioridad militar Israel-EE. UU. no es sinónimo ahora mismo de victoria y el conflicto aún parece que vaya a aumentar antes de que las partes se sienten a buscar una solución.

Como concluye Aznar: "La victoria militar tiene que trasladarse a la política en forma de paz para ser real". Mientras eso no ocurra, el Golfo seguirá sumido en una espiral donde el que resiste, aunque sea entre escombros, dicta los tiempos del conflicto. 

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