El trabajo tiene recompensa
Reconocimiento al mérito laboral y el valor del esfuerzo
El Premio Anual al Mérito Laboral, cuya primera edición tuvo lugar el viernes, vale más por la lección que deja que por la medalla. Reconoce a trabajadores y empresarios que han contribuido de manera significativa al desarrollo económico, social y humano del país, promoviendo el empleo digno y la excelencia.
Otorgado, entre otros, a José Luis Corripio Estrada, Félix María García Castellanos y Frank Rainieri permite mirar más allá del éxito empresarial y detenerse en una virtud menos vistosa, pero más decisiva: la ética del trabajo.
Los tres han construido desde la constancia, el sacrificio y la entereza. Sus empresas no nacieron del azar ni de la comodidad, sino de jornadas largas, decisiones difíciles y una idea persistente del deber. También los une la previsión: supieron preparar, con tiempo, procesos de transición familiar para que sus obras no dependieran solo de ellos, sino que encontraran continuidad en nuevas generaciones formadas con el mismo rigor.
En Corripio y Rainieri hay, además, un matiz revelador: el gen de la inmigración. Sus historias familiares arrastran la memoria de quienes llegaron de fuera y entendieron que en tierra ajena debía ganarse dos veces el sustento y la confianza. De ahí brota una disciplina sin concesiones, una sobriedad frente al éxito y una voluntad de arraigo que convierte la prosperidad en compromiso con el país. García Castellanos completa esa trilogía desde otra vertiente del mismo principio: crear, sostener, emplear, permanecer.
Esta premiación trasciende el acto protocolar. Es un recordatorio público de lo que importa socialmente. Frente a la tentación del atajo, se necesitan referentes que reivindiquen el valor del esfuerzo prolongado, de la responsabilidad y de la visión de largo plazo.
Premiarlos es, en el fondo, reconocer un ideal de país posible. ¿Algo verdaderamente duradero se levanta sin trabajo?

Aníbal de Castro