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La bandera que recibimos

El camino hacia el centenario de los Juegos Centroamericanos y del Caribe

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La bandera que recibimos
La alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, ondea una bandera alusiva a los Juegos Centroamericanos. La República Dominicana se prepara para organizar los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, una cita histórica que coincide con el centenario de la fundación de este evento deportivo. (FUENTE EXTERNA)

Hubo un instante, breve, solemne e imposible de olvidar, en el que el bullicio de una clausura pareció bajar el volumen. Las delegaciones celebraban y los aplausos aún estaban calientes. Y entonces, en la culminación de los XXIV Juegos Centroamericanos y del Caribe, San Salvador 2023, recibí la bandera que simboliza algo más que una sede futura: la responsabilidad histórica de organizar los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

Ese gesto no fue un protocolo ceremonial. Fue un acto de traspaso de confianza entre naciones. La confirmación de que la República Dominicana asumía, ante la región, un compromiso de alto nivel. Para mí, como alcaldesa de Santo Domingo y como dominicana, fue también un recordatorio inequívoco: el futuro dejó de ser expectativa para convertirse en una obligación concreta.

Santo Domingo 2026 no es una edición cualquiera. Coincide con el centenario de los Juegos, inaugurados en 1926. Cien años de historia colocan esta cita bajo un estándar de exigencia excepcional. El margen para la improvisación es prácticamente nulo. Organizar bien no basta: el centenario exige excelencia, rigor y respeto institucional.

El deporte no se mide únicamente en medallas, aunque estas importan. Es formación de carácter, disciplina colectiva y cohesión social. En sociedades jóvenes y dinámicas como la nuestra, funciona como un eje ordenador del esfuerzo nacional y una vía efectiva para canalizar talento, energía y aspiraciones. Por eso, Santo Domingo 2026 debe asumirse como un proyecto país.

La preparación de los Juegos solo tiene sentido si se traduce en resultados duraderos: fortalecimiento del deporte escolar, recuperación de espacios comunitarios, promoción de hábitos saludables y una articulación real entre instituciones educativas, deportivas y municipales. La inversión que exige un evento de esta magnitud se justifica únicamente si deja capacidades instaladas y beneficios sostenibles.

Ese enfoque se refleja en la estructura organizativa del proyecto. El Comité Organizador de Santo Domingo 2026 fue formalizado mediante el Decreto núm. 201-22, emitido el 27 de abril de 2022, que establece responsabilidades claras y la obligación de apoyo de todas las instituciones del Poder Ejecutivo. Desde su juramentación, el Comité ha operado como un espacio de trabajo técnico, continuo y exigente.

Bajo el liderazgo de su presidente, José P. Monegro, el Comité integra una combinación de experiencia pública, capacidad técnica y compromiso cívico. Junto a él, Felipe Vicini, Garybaldy Batista, Mercedes Canalda, José Manuel Ramos, Frank Elías Rainieri, Carlos Iglesias, Fernando Langa y Andrés Vander Horst han asumido, desde distintos ámbitos, la responsabilidad de planificar y ejecutar una cita que no admite improvisación.

El respaldo del Gobierno ha sido sostenido y explícito. Además de los miembros antes mencionados, el presidente Luis Abinader ha asumido Santo Domingo 2026 como una prioridad de alto nivel, integrándose activamente a la conducción estratégica del proyecto e incorporando al Comité Organizador a actores clave del Estado. En ese marco, el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, aporta experiencia administrativa, conocimiento del sistema deportivo y una visión clara de articulación entre el alto rendimiento y el deporte formativo.

A este esfuerzo se suma el Ministerio de Obras Públicas, bajo la conducción de Eduardo Estrella, cuya gestión refuerza la capacidad ejecutiva para el desarrollo de sedes, accesos y conectividad urbana. Asimismo, la participación del ministro de Vivienda y Edificaciones, Carlos Bonilla, resulta determinante para asegurar que las inversiones asociadas a Santo Domingo 2026 respondan a una visión de largo plazo.

El desafío central es el legado. Los Juegos no pueden convertirse en un paréntesis costoso ni en una postal efímera. Deben dejar transformaciones reales y medibles en la ciudad y en la vida de la gente. En ese sentido, uno de los legados más relevantes será la construcción de más de mil unidades habitacionales que servirán, en una primera etapa, como un albergue moderno, seguro y diseñado bajo las más estrictas reglamentaciones deportivas internacionales.

Ese esfuerzo no se agotará con la clausura de los Juegos. Bajo un esquema de alianza público-privada, estas viviendas serán financiadas mediante facilidades extraordinarias del Banco de Reservas y el Gobierno central, permitiendo que más de mil doscientas familias dominicanas accedan a hogares de calidad a un costo sustancialmente menor que el del mercado. Se trata de un modelo que convierte una necesidad operativa temporal en una política pública permanente, alineando deporte, vivienda y desarrollo social.

Este enfoque confirma que el verdadero legado no se mide en semanas de competencia, sino en décadas de impacto. Las infraestructuras, los estándares urbanos y las capacidades institucionales que se construyan para Santo Domingo 2026 deben convertirse en la nueva normalidad de la ciudad.

Existe también una oportunidad estratégica en el ámbito turístico. La República Dominicana es una potencia consolidada, pero Santo Domingo 2026 abre una vía complementaria vinculada al turismo deportivo y cultural. Quien llegue por las competencias encontrará la Ciudad Colonial, el malecón, la gastronomía y una ciudad con historia viva.

San Salvador 2023 demostró que la región puede organizar eventos de alto nivel cuando existe planificación rigurosa. Ese antecedente fija una vara alta. El centenario no admite fallas operativas ni errores logísticos. Cada detalle cuenta.

Recibir la bandera fue un honor, pero sobre todo un llamado al deber. Santo Domingo 2026 es la oportunidad de demostrar que el país puede organizar con seriedad, coordinar con eficiencia y planificar con visión de Estado. Si se hace bien, el resultado será una ciudad más preparada, instituciones más sólidas y un legado que trascienda el evento.

TEMAS -

Dominicana, Economista y Madre de 3. Alcaldesa de la ciudad de Santo Domingo.