Salud mental
Hacen falta psiquiatras... y urbanistas
La nueva ley de la Policía incide en la importancia de los chequeos de salud mental a sus agentes. Fundamental, desde luego, pero también entre la población civil. Sobrevivimos entre la depresión y el estrés. Los cacerolazos no se inventaron en las redes; son una manifestación de hartazgo, una manera muy democrática de externar inconformidad.
Hacen falta más psiquiatras para los policías y para los ladrones. Para las víctimas y para los asesinos. Pero también necesitamos entornos más sanos, ciudades más ordenadas y pueblos menos ruidosos. Bajar decibelios y dar un paseo calman el espíritu. No curan los desórdenes mentales ni solucionan crisis pero ayudan a no explotar.
Los beneficios de un paseo están más que estudiados. Pasear, más si es en un entorno natural, reduce el estrés, corta los pensamientos negativos, regula las hormonas, oxigena... Es un proceso químico y anímico. Caminar por caminar, nada de contar 10,000 pasos o tratar de batir un record de marcha olímpica. "Salió a dar un paseo"... esa frase que ya nadie dice porque nadie pasea.
Pasear por pasear, sin considerarlo un tiempo perdido.
Salir a caminar un rato, mirando el sendero de un parque o deteniéndose ante una vitrina. Salir a deambular sin tiempo ni ruta, dejando la mente vagar. Ordenando pensamientos o inventando conversaciones que nunca se mantendrán. Caminar al propio ritmo para darse el permiso de cantar bajito o contarse algo nuevo. Caminar para distraerse; estamos tan concentrados en la tensión del momento que no respiramos bien.
Es lo que no podemos hacer en la ciudad de Santo Domingo. Cualquiera que viaja vuelve contando cuánto se camina en tal o cual ciudad. Las aceras son plazas de parqueo. Hay una sola calle peatonal, esperando eternamente por su adecentamiento. Solo la Ciudad Colonial -¡y además la critican!- lo permite. Pasear, una de la pocas distracciones gratuitas, es un lujo.

Inés Aizpún