Carbón sí, carbón no

En el discurso que el presidente Medina pronunció ayer en la Cumbre del Clima que se celebra en Madrid, un párrafo llama especialmente la atención: “(...) También las energías renovables son nuestra prioridad. Por eso estamos instalando 604 megavatios entre energía hidráulica solar y eólica, equivalente al 25% de la matriz energética del país; y tenemos como meta llegar al 32% en el año 2023.”

Un buen punto, ante un auditorio y en una Cumbre que tiene como uno de sus temas principales la descarbonización. Una palabra un poco excéntrica, pero no hay otra manera de identificar el proceso de cambio de matriz energética debido a los altos niveles de contaminación que se han identificado producen las plantas a carbón.

Lo que nos lleva a Punta Catalina, planta a carbón todavía en prueba que el país estrenará en todo su potencial, se supone que pronto.

¿Carbón sí o carbón no? La fecha de 2050 aparece en varios discursos. Pedro Sánchez, el presidente del gobierno español en funciones, la pone como meta europea para la reducción de emisiones contaminantes y aspirando a que España lidere la mencionada descarbonización de Europa. El presidente dominicano la coloca como meta cuando dice “Aceleramos el paso, porque estamos decididos a alcanzar la neutralidad de carbono para 2050.”

Mientras, aquí, los avances del uso de las energía renovables por parte de los particulares encuentran tropiezos explicados por los ciudadanos que lo intentan. Las grandes ideas, los grandes esquemas se vuelven nada cuando el ciudadano de a pie no los pone en práctica.

Punta Catalina tiene muchas aristas complicadas. Esta, la ambiental, es bastante sencilla de entender: mientras el mundo descarta el uso del carbón por ser muy contaminante, aquí todavía apostamos (y mucho) a nuevas plantas.

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