Las noticias suelen estar centradas en el número de kilos. Tantos kilos decomisados, más o menos (¿quién lleva la cuenta?) los mismos kilos quemados... Ocasionalmente el foco se afina y revela otra realidad, como la del pujante sector del microtráfico en Baní y su extraña relación con las autoridades para nada competentes encargadas de contenerlo.

O es que así no se va a poder contener.

Pocas veces la noticia se detiene en analizar si hay o no hay un plan de lucha contra las drogas sinceramente ejecutado y si funciona. Si el macuteo contra los adictos se ha contenido. Si hay programas públicos de prevención que trasciendan a las campañas ocasionales de mensajes hartamente repetidos.

No se discute abiertamente sobre la legalización de algunas sustancias. Ni se plantea la posibilidad de un contundente proyecto educativo en las escuelas. Sale el tema siempre en campaña por la posible contaminación en la financiación de un candidato, pero tampoco importa mucho el resto de los cuatro años. Es un duelo entre partidos a ver quién le saca la peor foto a contrario.

En las encuestas el tema del narcotráfico no aparece entre los que más preocupan al ciudadano. Nos afectan sus consecuencias: el asalto para comprar una dosis que puede acabar muy mal. El escándalo cuando un narco muere asesinado en la cárcel, con todo lo que eso implica. El dolor por un adicto en el círculo íntimo. La destrucción de tantas vidas.

Hace falta una discusión más profunda sobre las drogas. Saber más sobre dónde estamos y qué podemos hacer. No es un tema solo para militares.

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