El momento de aclarar las cosas...

En política, los vacíos no duran mucho tiempo. Alguien los llena. Esto parece haber ocurrido con la reciente posición de la Iglesia Católica con relación a los claros casos de intolerancia del Gobierno y a la ausencia de una oposición que represente valores democráticos fundamentales para el desarrollo del país.

Estas últimas semanas han sido fatales para el Gobierno, pues se le ha visto su faz más soberbia e intolerante, más chismosa, de barrio bajo hasta en las respuestas.

La intolerancia no solo se ha manifestado en actitudes frente a los que consideran sus adversarios, sino hasta en una conducta belicosa que no deja pasar pleito, olvidando la maldición gitana.

La oposición no ha salido mejor parada por su actitud en el Consejo Nacional de la Magistratura y frente a las leyes Electoral y de Partidos en las que fueron actores principales del tollo y que ahora aparecen como encubridores al oponerse a que la Junta Central Electoral investigue la realidad de la aprobación de esas leyes.

Los últimos cañonazos en la Santa Bárbara del Gobierno lo constituyeron el informe del PNUD y el Sermón de las 7 Palabras, precedido de unas declaraciones del Arzobispo de Santo Domingo, calificando al Gobierno de ir camino a una dictadura.

En una situación como ésta no bastan unas declaraciones de prensa, sino acciones concretas que clarifiquen el ambiente y no existe ninguna más impactante en estos momentos que una confesión del presidente Medina sobre sus intenciones electorales. Esto no solo aclararía las cosas, sino que centraría el debate electoral en su verdadero cauce, pues de eso se trata todo.

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