Elecciones y sensatez

Si hay un proceso que ha recibido modificaciones y remiendos, ese es el electoral y no ha importado que desde 1966 los dominicanos estemos celebrando torneos comiciales de manera ininterrumpida cada dos y cuatro años, ni de que desde la dictadura los dominicanos han sido dotados de un documento de identificación que les permite votar en las elecciones.

Pero la idea parece ser tratar de perfeccionar al máximo los componentes de toda elección y rodearlas de las mayores garantías para tratar de curarnos del “síndrome del fraude”, enfermedad típica de un país donde nadie acepta la derrota.

No hay elecciones perfectas, como se acaba de comprobar en las legislativas de los Estados Unidos del día 6. En todos los procesos fallan las máquinas, o hay problemas con las filas y la identificación de los votantes.

Lamentablemente, al sistema también se han agregado elementos que pueden resultar entorpecedores de la calidad del proceso, aunque la intención haya sido mejorar la calidad de la representación.

Es el caso del voto preferencial, que si bien podría mejorar la representación y romper la tendencia oligárquica de los grupos dentro de los partidos, sin embargo plantea serios problemas de intromisión del dinero sucio en las campañas y a las autoridades electorales les asigna una tarea casi imposible de cumplir.

Parece sensato el llamado del presidente de la Junta Central Electoral de que se posponga el voto preferencial para las elecciones del 2024, mientras se consolida la actual Ley de Partidos y se aprueba la de elecciones.

Simplifiquemos el sistema en vez de complicarlo.

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