La ley del silencio

El método era especialmente mezquino. De todos los esquemas de cobro de comisiones ilegales, de desvío de fondos, de prácticas posibles de nepotismo que hemos ido conociendo a lo largo de los años, el denunciado en la Operación Coral es especialmente miserable.

Cobrar un por ciento de los sueldos de militares y policías nombrados en dos cuerpos, el Cestur y el Cusep, recuerda al conocido macuteo de la policía, en el que el agente en la calle tiene que “pasar” a su inmediato superior una parte y este a su jefe... en una red de obediencia debida perfectamente estructurada. Aquí en la Operación Coral, se “trabaja” otra modalidad. No hay que macutear, que siempre es más incómodo, simplemente dar un alta proporción del sueldo.

La corrupción, pues, no es tan secreta ni tan escondida. Cientos o miles de personas, en este caso policías y militares, saben perfectamente lo que ocurre, cuánto se mueve, en qué dirección. Pero todos callan porque de una manera u otra algo les toca. O por supervivencia.

Entonces... ¿por dónde se empieza la reforma de la Policía? ¿Por abajo o por arriba? ¿Cómo erradicar estas prácticas si ya han alcanzado los cuerpos más altos, el de la guardia presidencial o más especializados, como el Cestur? ¿No son los más profesionales, mejor pagados, mejor instruidos?

Quizá haya que probar el método de las delaciones premiadas. Dar una salida segura y conveniente al agente que decida tirar del hilo. Delatar no está considerado como un acto heroico, y menos en contextos militares, pero hoy, aquí, salvaría mucho dinero público de acabar en bolsillos privados.

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