Todo el mundo sabe

Imposible dejar de hablar del asesinato del comandante de la Policía Preventiva de Baní, coronel Daniel Ramos Álvarez. Cualquiera de los ángulos que se revise lleva a la tristeza y al miedo.

Ya se había dicho antes. Cada vez que la DNCD cuantifica el número de los puestos de droga “clandestinos” que hay en el país, reconoce que sabe donde están, pero no explica por qué no detiene a los responsables. Lo impensable, antes que nada, es que se diga que un coronel va a pasar revista a un punto de droga como si se tratara de una inspección de Sanidad Pública a la cocina de un restaurante.

Si los oficiales que le acompañaban eran unos cobardes... ¿en qué manos estamos? Si vendieron a su superior... ¿en qué manos estamos? Si fue una encerrona, si fue una emboscada, si fueron unos criminales despiadados los que le sorprendieron en una acción de vigilancia rutinaria... ¿en qué manos estamos?

Se nos había olvidado Paya. Aquel suceso reveló una red de complicidades de miembros de la Marina con los narcos (era difícil distinguir unos de otros en el enmarañado asunto) muy bien asentada, organizada y lucrativa. Tampoco ayuda que los senadores de la provincia hablen siempre de que “aquí todo el mundo sabe...” Ya que todo el mundo “sabe”... ¿no se puede hacer más?

Vivimos desconfiando porque nos dan razones para desconfiar. Que si en la frontera hay militares involucrados en el tráfico de personas (o si asusta la palabra tráfico, usemos la expresión “cobrar peaje”), que si los ciudadanos graban abusos policiales, que si los asaltantes llevaban ropa militar. ¡Cualquiera desconfía!

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