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Miolán y Silfa con J.B.Martin

La izquierda democrática como muro contra el comunismo

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Miolán y Silfa con J.B.Martin
Castillo, Miolán, Balaguer y Silfa 1961. (FUENTE EXTERNA)

Con un John Bartlow Martin rastreando con aguzado olfato felino las huellas de los grupos actuantes en la temprana transición dominicana -en las tres semanas que estuvo en Ciudad Trujillo en septiembre del 61-, sus pasos se dirigieron al nervio vibrante de la oposición, la emblemática calle El Conde. Allí los grupos surgidos de la resistencia interna a la dictadura, como la UCN y el 1J4, y los que llegaban como proyectos en las maletas de los exiliados, PRD, FNR y PNR, instalaron sus sedes y colgaron altoparlantes en los balcones, inundando el espacio sonoro con su perifoneo libertario. Mientras, gremios profesionales y estudiantiles también hacían lo suyo pisando base en El Conde. Quien entonces no era visto por ahí, no estaba en nada.

Era la principal y coqueta vía comercial con las tiendas más elegantes de tejidos y calzado como La Opera, El Palacio, Cerame, La Puerta del Sol, López de Haro, Los Muchachos, La Favorita y La Elegancia de mi prima Eunice Piantini. De juguetes en La Margarita, electrodomésticos en R. Esteva y la Curacao. De reputadas farmacias (Marrero, García Alardo, Guerrero, Raldiris, Veloz, Gómez) y joyerías italianas (Prota, Di Carlo, Oliva, Abramo) y las ferreterías Baquero, Morey y Gerardino. La Librería Amengual, Recuerdos Dominicanos, El Caribe, All America Cables y el cine Santomé.

La música a cargo del Salón Estudio Mozart de Atala Blandino y de Julio Tonos. Los íconos de la modernidad arquitectónica Baquero, Diez, Cerame, Copello, Saviñón, insuflaban cierto aire de gran ciudad a la urbe de 360 mil habitantes regados en barrios chatos.

Entre Duarte y 19 de Marzo se desarrolló un dinámico triángulo de la sociabilidad política y cultural de la época, asentada en la más antigua Cafetera fundada por Benito Paliza, el selecto Jai Alai y el Sublime que los jóvenes ocupamos como solar cotidiano del parlar, estimulados por el aromático expreso que exudaba La Cimbali. Los mozalbetes de Arte y Liberación libaban el maravilloso néctar contaminando el ambiente con volutas de humo de Hollywood y Cremas de La Tabacalera. En dos esquinas a oeste los bares restaurantes Panamericano y Roxy acunaban la conversa en reconfortante aire acondicionado.

Allí, en esa rúa cargada de historia, montaron campamento Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, la trilogía del PRD enviada a testar el terreno que abandonaron en los años 30 para guardar exilio en Cuba, Venezuela, México, Estados Unidos y Puerto Rico, participando en la fundación de entes antitrujillistas, expediciones frustradas como la de Cayo Confites. Gestionando solidaridad internacional y denunciando en medios de prensa a la dictadura.

Algunos, como el fornido y combativo Silfa, se enrolaron en el Ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial y luego cargaron un ataúd simbólico sobre sus hombros para estigmatizar la presencia de Trujillo en Washington o Nueva York. Otros, como Miolán, entablaron sólidos nexos en México con el socialista Lombardo Toledano y la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), que congregaba centrales sindicales de México, Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Cuba, vinculadas a la Federación Sindical Mundial.

Para apuntalar la causa dominicana en este circuito, una delegación integrada por Bosch, Jimenes Grullón y Miolán  participó en el 1er Congreso Ordinario de la CTAL en 1941. En México, Miolán trabajó con Lombardo Toledano, incluyendo la Universidad Obrera (UOM) fundada por éste, hoy con 90 años operando en capacitación sindical, Derecho y Artes y Oficios.

Tras negociar garantías desde Costa Rica mediante comunicación cablegráfica con la OEA y Balaguer, los miembros de la avanzada perredeísta fueron recibidos el 5 de julio del 61 en el Aeropuerto Trujillo por Rodríguez Demorizi, secretario de Educación. Reuniéndose más tarde en presencia de la prensa nacional e internacional con el presidente Balaguer en Palacio y Ramfis en San Isidro. Quien ponderaría positivamente al moderado Miolán ante el enviado de Kennedy, convirtiéndolo en blanco de injustas suspicacias entre opositores.

En ese momento, Martin consideraba que el PRD no era un movimiento popular, sino más bien un grupo de líderes recién llegados ligados a Betancourt y Figueres, que hablaban por la radio y los altoparlantes. Mientras se hallaba en su local en Conde 13, frente al parque Colón, la Policía lo allanó para requisar armas blancas y cocteles molotov -plantados por agentes infiltrados, sospechaba Martin. Detenidos Miolán y Silfa, liberados tras interrogarlos en la Procuraduría, los emisarios de Bosch -quien permanecía en Costa Rica y regresaría el 20 de octubre- fueron invitados a Palacio por Balaguer para discutir la formación de un gobierno de coalición.

"¡Qué país!" exclamaba un Martin sorprendido del juego político en esta república tropical donde el florentino magistral se habría sentido a gusto, al ver en acción suprema sus reglas doradas del ejercicio del poder a cargo del buen hijo de Navarrete. Ese mismo día, Balaguer anunció el propósito de compartir equitativamente los 12 puestos del gabinete con la oposición (UCN, 14 de Junio y PRD) y el Partido Dominicano, 3 a cada uno.

Aparte de la sede del PRD, Martin se citó con Miolán y Silfa en sus habitaciones-balcón del Hotel Comercial (Conde con Hostos), donde se alojaban. A Silfa (46 años), lo ubicó desde 1936 radicado en Estados Unidos. "Educado, gentil, habla inglés con acento", representaba el PRD anticomunista, líder de su seccional neoyorquina. Le informó que obtenían dinero de USA, pero no era su fuente principal y necesitaban unos 100 mil dólares.

Se identificaban como el "Partido del Pueblo" y estaban empeñados en organizar a los campesinos (tarea que emprenderían César Roque, Stormy Reinoso y el rumano Sacha Volman al crear la Federación de Hermandades Campesinas, FENHERCA). A juicio de Silfa, todos los partidos estaban infiltrados: el MPD recibía dinero de Castro, el 14 de Junio muy infiltrado y UCN un poco, en tanto en el PRD había una docena de jóvenes, sin mayor problema.

Al más sofisticado Ángel Miolán (49 años) lo consideró un hombre fuerte, que desde 1934 -cuando se involucró en una conjura frustrada en Santiago para atentar contra la vida de Trujillo en el Centro de Recreo encabezada por Jimenes Grullón y Vila Piola, de cuya detención logró librarse al escapar hacia Haití- se radicó en Cuba, México y Venezuela, siendo fundador del PRD en 1939 en La Habana. Para este veterano de las lides del exilio, con notorio autocontrol y don organizador, en el panorama dominicano se presentaban 3 opciones: una dictadura militar, una revolución izquierdista con apoyo de Castro y una democracia avanzada con el PRD, organización aliada a la izquierda democrática del continente.

Lo cierto es que el horno dominicano y caribeño "no estaba para galleticas". Desde la gira sudamericana del vicepresidente Nixon en 1958, a quien en mayo le sorprendió en Caracas un atentado a su comitiva en pleno proceso electoral -tras el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez, beneficiario de asilo en EE. UU. y de la Legion of Merit en 1954-, la política norteamericana hacia la región entró en fase de acelerada revisión. Los dictadores de derecha estaban goteando y a Cuba le llegó la hora en 1959 con el triunfo de Fidel Castro y sus "barbudos" del Movimiento 26 de Julio bajando de Sierra Maestra.

La radicalización de la revolución cubana que recurrió al expediente expropiatorio sin compensación y su creciente cercanía estratégica con la URSS, a sólo 90 millas de EE. UU., puso en alerta a los círculos de poder norteamericanos, incluyendo a sus servicios de inteligencia. Una línea de acción adoptada fue fortalecer a la izquierda democrática de la región como alternativa, que exhibía credenciales nacionalistas, favorecía reformas sociales y económicas en democracia y ofrecía garantía anticomunista.

El presidente de Costa Rica, José Figueres Ferrer, del Partido Liberación Nacional, fue el ente articulador de una amplia alianza que tenía hondas raíces en las luchas contra las dictaduras militares en Centroamérica y el Caribe. Y que sumaba a actores sudamericanos como Acción Democrática de Venezuela con Betancourt a la cabeza, el Partido Aprista Peruano y a su ideólogo Haya de la Torre, el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Paz Estenssoro en Bolivia, el Partido Febrerista de Paraguay, entre otros grupos políticos.

Mediante coordinación de Figueres con el dirigente socialista norteamericano Norman Thomas y su asociado rumano Sacha Volman, del International Institute for Labor Research (IILR) con sede en NYC, se concibió un ambicioso proyecto sombrilla que incluyó la apertura del Instituto de Educación Política para formar jóvenes líderes latinoamericanos, en San Isidro Coronado, Costa Rica y la publicación de la revista bimensual Combate que circuló entre 1958/63 con firmas de primer orden.

Asimismo, se habilitó una central de ediciones en México que imprimía la revista Panorama y una formidable colección de Manuales de Educación Cívica, bajo la dirección del refugiado catalán Víctor Alba, que publicó la obra de Bosch Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana. Con récord de venta al pregón en El Conde, analizaba el experimento democrático del 63.

Tras aportes iniciales del Jacob M. Kaplan Fund y la Parvin Foundation para sufragar estas actividades, se canalizaron fondos de inteligencia, entre otros conductos. Como revelaron en 1966/67 la revista Rampart y The New York Times, dichos recursos cubrían una amplia gama de operaciones que aseguraban soporte a entidades internacionales culturales, juveniles, sindicales, de periodistas, así como revistas y otras publicaciones, congresos, giras artísticas, libradas en el marco de la Guerra Fría.

La divulgación de estas operaciones resultó en daño moral a entidades y personalidades de prestigio, que necesariamente no conocían las fuentes de financiamiento. Dando origen a la apertura de investigaciones oficiales en EE. UU. sobre la materia. Algunos de esos dinerillos, dedicados a educación política y planes de alfabetización de adultos, se dejaron caer en esta media ínsula durante la transición. En un Caribe caracterizado por ser "frontera imperial".

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José del Castillo Pichardo, ensayista e historiador. Escribe sobre historia económica y cultural, elecciones, política y migraciones. Académico y consultor. Un contertulio que conversa con el tiempo.