El misterio de la reevaluación ignorada
El peso se ha apreciado 7.4 % frente al dólar, pero alimentos, transporte y restaurantes mantienen fuertes aumentos de precios

Se ha hablado mucho sobre si el peso dominicano se encuentra apreciado. Desde el 31 de diciembre 2025 hasta finales de julio la tasa de cambio ha caído de RD/USD 63.30 a 58.62, una apreciación de 7.4 % que debería fortalecer las importaciones y encarecer las exportaciones. Esta es la mayor apreciación registrada para ese periodo, seguido por 5.4 % en 2022, coincidiendo con el anterior choque petrolero, y de 4.5 % en 2006.
En términos de comercio exterior, la apreciación histórica ha resultado en mayores importaciones, como esperado. Para el primer semestre crecieron 7.8 % o USD 1,146.5 millones más que en enero-julio 2025, cuando apenas aumentaron. Los detalles (a marzo 2026) revelan que este crecimiento se concentró en materias primas y bienes de capital nacionales, lo que sugiere una reactivación de la actividad industrial.
En cuanto a las exportaciones, descontando el impacto del alto precio del oro, estas aumentaron 4.6 % o USD 313.7 millones, dato similar al 2025 cuando el peso se apreció solo 0.2 %, por lo que la apreciación de la moneda no luce haber impulsado grandemente las ventas de productos dominicanos al exterior.

Para la mayoría consumidora la pregunta más relevante es como la fortaleza del peso ha afectado la inflación, dado que durante los primeros siete meses del año alcanzó 2.21 %. Interanualmente, supera la meta de 4.0 % +/-1 % alcanzando 5.47 %.
Si se evalúa la inflación por grupos de bienes, los mayores incrementos de precios a julio son: Restaurantes y hoteles (8.1 %), transporte (8.0 %), Alimentos y Bebidas no alcohólicas (6.8 %), Educación (6.5 %) y Bebidas Alcohólicas y Tabaco (5.5 %).
¿Porque una reevaluación cambiaria que abarata el componente importado de estas actividades no ayuda a reducir, o al menos mantener, sus precios?
La teoría de Gopinath, recientemente mencionada, no explica el fenómeno puesto que contempla el comercio entre dos países con monedas no dominantes, República Dominicana y Colombia, por ejemplo, cuyo comercio denominado en dólares no varía ante la devaluación/reevaluación de cada moneda ante el dólar. Dado que más de la mitad de las exportaciones y el 41 % de las importaciones dominicanas provienen de EE. UU., esta no luce ser una explicación factible.
En principio, los bienes transables o comercializables en el exterior debieran ser los que respondieran a variaciones en la tasa de cambio. Pero tampoco esto se verifica. En lo que va de 2026, ha sido mayor la inflación del grupo no transables, o bienes y servicios producidos y consumidos localmente (2.3 %), que del grupo de transables (2.1 %). Sin embargo, en relación a julio 2025, la inflación de los bienes transables es mayor (6.1 % versus 4.9 % para los no transables). Al graficar dos décadas de datos se observa que 2026 es el cuarto episodio, aparte de la pandemia y postpandemia, en que la devaluación/reevaluación y la inflación transable presentan trayectorias inversas.
¿Jugará en esto un rol el aumento del precio del petróleo? Efectivamente, la inflación transable (bienes comercializados internacionalmente) está asociada al precio del petróleo, pero la devaluación no, a pesar del peso de las importaciones petroleras. Por tanto, la inflación transable tampoco guarda relación con la devaluación. Solo el grupo de prendas de vestir y calzados (casi todos importados) y comunicaciones (un servicio local) muestran inflaciones negativas.
El aumento de los precios, entonces, tiene otras explicaciones. El consumo de restaurantes y hoteles está dirigido a segmentos pudientes más insensibles a subidas de precios arbitrarias. El aumento del costo de transporte (excluyendo viajes internacionales) debiera estudiarse dado los subsidios otorgados. Los aumentos en los sectores de Alimentos, Bebidas, Educación y Salud, todas con inflaciones superiores al 5 % y pocos insumos importados, tendrán que responder por si solas.

Ellen Pérez Ducy