Al dominicano le gusta votar en contra
No hay que darle vueltas a lo que pasó...
La retórica pródiga en palabras bonitas dice que el pasado domingo se salvó la democracia y ganó el pueblo dominicano.
Retórica aparte, ganaron los candidatos y es justo que celebren, pues mejor sudor que lágrimas, y goza quien gana. El escrutinio fue manso, aunque frenesí en el día y depresión en la noche. Fue coronavirus en un organismo sano: contradictorio.
La pizarra de la Junta alegró temprano al PRM, pues alientan más los boletines que las encuestas en boca de urna. Lo oficial siempre supera a lo oficioso.
El PLD desde el mediodía se daba victorioso, pues la plataforma era cuello de cisne blanco que en la tardecita se volvió cisne negro.
Como si el panameño Basilio estuviera en el escenario.
No hubo algoritmo, ni cuadrante, ni jaqueo, pero sus resultados no rindieron como en las primarias de octubre ni en los fallidos comicios de febrero.
¿Qué realmente pasó? De seguro que en la reunión del Comité Político del jueves ese misterio será develado. Aunque tampoco difícil.
Las manifestaciones de la Plaza de la Bandera, los cacerolazos y los escraches no podían ser en vano. El dominicano vota en contra y ahora no fue la excepción.