El país de las ilegalidades que nadie ve

Hay bancas ilegales protegidas por policías

En un país donde se juega hasta a las cortadas de ojo o a los terminales de las placas de los vehículos que pasan, proliferan las bancas de apuestas ilegales. En ese mismo país en que los médicos viven en huelga permanente, los hospitales con todas las carencias y los enfermos que no encuentran remedio, se venden medicamentos falsificados en farmacias ilegales. Las farmacias no están en patios ni las bancas en callejones, sino que unas y otras hacen sus negocios en las vías más concurridas y en las zonas más populares. Los pacientes van confiados y se fastidian, puesto que en vez de sanarse, se agravan. La esperanza tiene domicilio conocido y el apostador llega sin que nadie le indique.

Las autoridades no, ni ven la farmacia ni encuentran la banca. La ilegalidad tiene la misma suerte que la impunidad: carta libre, abierta, y en todo tiempo y lugar. La situación es curiosa, pero también deprimente. El farmacéutico legal denuncia la competencia ilegal, y ni así actúa Salud Pública. El delincuente ubica la banca ilegal y la asalta, aunque esté protegida por un policía, y se investiga el robo, pero no la legalidad del local, aun cuando los dos se comportan fuera de la ley. ¿Y entonces?

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