Qué hacer con el “tigueraje”...

Esa es la cuestión en estos tiempos...

Los liderazgos -que no necesariamente políticos- deben probarse en circunstancias difíciles, en momentos de crisis, como los actuales.

Las medidas del Gobierno, aun cuando use la fuerza, no obligan a toda la población, como se comprueba cada noche con el toque de queda.

Habría que ver cómo se le llega a ese segmento de la población que desafía contento de la vida los peligros de la fatal enfermedad.

Las voces acreditadas de opinión pública, las figuras de la farándula, las orientaciones oficiales, no han sido suficientes. Y si eso sucede en la capital, donde se supone más control ¿qué será en lugares apartados?

Al coco de los barrios le entra agua, pero no por vías ordinarias, y esas extraordinarias deben ser establecidas, de manera que se uniformen los resultados.

Tiene que existir una forma de convencer al “tigueraje” de que acate, se someta al nuevo orden y se guarde en sus casas en lo que pasa o aminora la pandemia.

Se reclama mano dura, pero los excesos provocan situaciones que desbordan, y nada mejor que una manopla con guante de seda.

Al menos esa es la gobernabilidad que permite la democracia.

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