¿Y todavía no se ha actuado en Baní?

En el caso no bastan las explicaciones

La verdad como el corcho flota, se viene diciendo desde que las botellas se tapan con ese material. La verdad muere como la vida en medio de un tiroteo.

Lo sucedido en Baní pone al descubierto, desnuda a cuerpo entero, la mentira que se daba por verdad: que el tráfico de drogas estaba bajo control.

Control de nada, peor que antes, y cuando los delincuentes enfrentan a la autoridad, disparan a la policía y matan un oficial, como acaba de ocurrir, las aclaraciones sobran.

El actuar se impone, y de manera que no haya duda, pues si los puntos de drogas se inspeccionan, quiere decir que son muchos y conocidos.

Tal vez no pueda hablarse de complicidad, pero sí de convivencia. Mala, ilícita, perversa, pero convivencia al fin, con un negocio que tiene entre sus virtudes que reparte por la buena o la mala.

La sospecha es tanta que no se queda en el municipio, ni en la provincia, sino que da su vuelta por la capital. En estos casos existe un protocolo, como intervenir el lugar, y todavía no se hace.

¿Y qué Baní?

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