Libertad de prensa
Una conquista cívica que requiere vigilancia permanente
El dato merece celebrarse. Que la República Dominicana encabece el índice regional de libertad de prensa no es un simple reconocimiento estadístico; es la confirmación de una conquista cívica construida a lo largo de décadas. La libertad de expresión y de difusión del pensamiento es, sin exageración, la madre de todas las libertades. Sin ella, las demás quedan reducidas a promesas vacías.
Este primer lugar no ha sido un regalo del poder ni el resultado de una evolución automática de la democracia. Es fruto de una lucha sostenida en la que periodistas y medios pagaron un precio alto. En distintos momentos de nuestra historia hubo censura, persecución, exilio y también mártires. Fueron, en gran medida, los medios tradicionales quienes empujaron los límites de lo permitido hasta ensanchar el espacio de la crítica pública.
Por eso resulta llamativo que algunos de los llamados medios alternativos parezcan conceder escasa importancia a un indicador que mide precisamente la libertad que hace posible su existencia. La libertad de expresión no es un dato natural ni una moda del momento; es un pilar del Estado de derecho.
Celebrar este liderazgo regional no significa complacencia. Significa, sobre todo, recordar que las libertades que hoy disfrutamos fueron conquistadas. Y que, como toda conquista democrática, requieren vigilancia permanente.
