¿Compra de votos?
Los comentaristas, los sacerdotes, los pastores y los ciudadanos prestantes todos engolan la voz y gritan: “Hay que detener la venta de votos”, y le dicen a la Junta Central Electoral que tome medidas efectivas para evitarlo.
Eso es hipocresía.
Quienes compran votos en este país y en todas partes son los partidos y los candidatos. A ellos es que hay que dirigirse para que cesen esa práctica nociva para la gobernabilidad democrática.
La Junta no compra votos y los propios partidos le llenan las manos de obstáculos para que no se ocupe de la principal tarea que no es otra que organizar unos comicios libres y limpios.
Además, los partidos han convertido el voto en una mercancía de escaso valor, pero al único que tiene acceso el votante de a pié. Son los partidos y los candidatos los que han convertido el torneo cívico en un mercado de pulgas. ¿Ahora quieren que sea otro que cierre el mercado? Y si la Junta es eficiente y detiene la compra de votos (si eso fuese posible), ¿no se alegará que se parcializó contra uno de los participantes en la justa?
No jueguen, y sean sinceros.