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A raíz de los últimos hechos delictivos en los que han participado personas que acababan de ser liberadas de manera provisional por el sistema judicial a pesar de la gravedad de las imputaciones en su contra, es justa la preocupación de muchas personas sensatas sobre si las autoridades encargadas de mantener el orden público, llámese Policía, Ministerio Público y jueces, están actuando de consuno y leyendo la misma página para enfrentar la delincuencia que nos afecta.
Es evidente que el sistema judicial no puede ser una puerta revolvente en la cual de una parte entran los imputados y al dar la vuelta salen libres por cualquier artificio legal.
También resulta evidente que la libertad es un premio a quienes la merecen y no puede ser un instrumento de amenaza a la sociedad. El lugar del delincuente no puede ser la calle, sobre todo si para ellos resulta tan fácil armarse y volver a repetir los crímenes por los que serían juzgados originalmente.
No hay solución posible para resolver la delincuencia que nos afecta sin un compromiso claro entre las autoridades encargadas del orden.
