Salen, entran
La complicidad dominicana en el tráfico de personas
Hay fuentes de agua que tienen un truco: el chorro que emana y cae es el mismo que vuelve a subir. Es un bucle. Lo más parecido a ese ciclo en nuestro país es la migración haitiana irregular. Su dinámica infinita se parece a tomar una gran esponja e intentar secar el agua marina de la playa.
A nuestra sala de redacción llegan constantemente notas de prensa de la Dirección General de Migración que notifican la detención de haitianos indocumentados dentro de vehículos, trasladados tan "bien empacados" que parecen el chiste de cuántas personas caben en un cepillo. Sin embargo, esto no da risa. Las notas de Migración también hablan de detenidos y repatriados. Casi a diario, de a miles. ¿Cuándo se acaba? ¿Nunca? ¿Los que expulsan son los mismos que retornan y vuelven a expulsar? Es como secar el agua de la playa. El problema está en quienes intentan secarla.
En el 2018, reporteros encubiertos de este periódico investigamos el tráfico de haitianos. Conversamos con traficantes en la frontera y fuimos pasajeros comunes en guaguas que viajan desde las provincias fronterizas hasta Santo Domingo para comprobar lo que todos saben. Fuimos testigos de pagos de peajes a militares y de omisiones en puestos de chequeo por donde no debería pasar ningún indocumentado. ¿Que eso fue hace mucho? Sí, es verdad. ¿Ha cambiado algo? Lo dudo.
Los choferes que "enlatan" a los haitianos en sus vehículos son dominicanos —salvo raras excepciones, como la de un canadiense apresado recientemente—, y el militar que cobra peaje también. Así que somos culpables de aquello de lo que tanto nos quejamos.
Ojalá que el desarrollo llegue de verdad a la vigilancia migratoria de este país. Y que no le dejemos todo a una malla ciclónica.

Mariela Mejía