×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
versión impresa
Redes Sociales

Más sobre los maestros (y 2)

Es momento de exigir y de rendir cuentas; de frenar en seco las interrupciones del proceso de aprendizaje

Expandir imagen
Más sobre los maestros (y 2) (EDDY VITTINI)

La tertulia del grupo de amigos se extendió analizando el tema de la escuela y de los maestros. En ese grupo uno de sus miembros es experto en educación. Quería hacer su aporte. De alguna manera estaba comprometido con lo que se había hecho y dejado de hacer en el pasado. Y quiso hacer la siguiente reflexión:

— Echamos a andar planes complejos. Cuando se construyen escuelas es para posibilitar la extensión del horario. Cuando se mejoran los salarios de los docentes se busca dignificar la carrera y hacerla atractiva para que los mejores (con vocación y compromiso) puedan acceder. Todos nos pusimos de acuerdo en la visión, el acceso, el perfil de docente que necesitamos, los mecanismos de evaluación, el financiamiento.

El viejo mayor reaccionó y dijo:

— Mi amigo, experto educativo de alto nivel, debes entender que las cosas no están saliendo bien, por lo menos no como se planificaron. Una cosa es la lógica técnica; otra es la política. Deberían ir de la mano, pero se mueven en sentido divergente. Predomina lo que a los políticos les interesa. La educación ha devenido en pretexto para manejar recursos cuantiosos a su conveniencia.

Y el experto educativo le respondió:

—Los grandes compromisos quedaron consignados en el Pacto por la educación para asegurar su continuidad. Y he ahí que entonces se paralizó la expansión de la jornada extendida y la atención integral a la primera infancia. No se hicieron concursos. Y se descontinuó el programa de docentes de excelencia.

El viejo mayor, triste por lo que parecía ser el inicio de una discusión sin sentido, basada en comparar acciones de gobierno de partidos distintos y en la defensa de colores partidarios, le contestó:

— Es verdad que se han hecho muchas cosas de las que había que hacer, pero también lo es que no ha sido suficiente. Hemos mejorado la base material del sistema, pero todavía no logramos lo fundamental: conquistar la escuela y colocar la protección y el aprendizaje como medida y propósito de la actividad educativa.

El filósofo Vitriólico aprovechó el momento y dijo:

— Así es. Los planes sin resultados sirven de poco. Lo fundamental ha cedido a lo accesorio y lo accesorio ha pasado a ser lo fundamental. Se ha perdido la orientación y la brújula.

El experto insistió y replicó:

— Dénse cuenta de que la solución de los problemas requiere de tiempo y de mantener el curso de acción. Realizar los ajustes necesarios.

El viejo mayor cansado por la repetición de argumentos, le dejó caer despacio la sentencia:

— ¿Acaso se requiere esperar 30 años más, sin resultados? Es mucho tiempo. No lo tenemos. Algo falta por hacer para cambiar la educación y que los resultados empiecen a verse pronto.

Abimbaíto, el sobrino de Vitriólico, que se encontraba escuchando, jactancioso y pretencioso como es, se apresuró a ofrecer su dictamen y expresó:

— Estos viejos se entretienen rememorando lo que fue. Yo, apenas bachiller, pero imbuido del espíritu emprendedor de la juventud, apuesto por algo simple. Dejen al ministerio de educación solo con el manejo del presupuesto para nómina y gastos menores. Transfieran las inversiones a otras dependencias públicas. Y desembolsen a Minerd en función exclusiva del rendimiento escolar. Saquen a los que no sirven, funcionarios, empleados y profesores, erradiquen de una vez por todas la política de las aulas. Condecoren y premien a los buenos. Dénle contenido a la tanda extendida. Importen maestros para formar a los maestros. Jubilen o retiren a los que no dan para más. Atrévanse a revolucionar el sistema. No tengan pelos en la lengua. Critiquen lo que haga falta y apoyen lo que merezca ser apoyado.

Vitriólico, incómodo por la intrepidez y boca ancha de Abimbaíto, le dijo:

— Hablar por hablar si es bueno, sin consecuencias y sin compromisos, ¿verdad?

Y Abimbaíto le contestó:

— Mi querido filósofo, si es que lo he ofendido excúseme la impertinencia. Usted bien sabe que todo está analizado y dicho. Los planes ya sobran. Aquí lo que hace falta es arremangarse las mangas y empezar a ejecutar siguiendo el librito. Hacer las cosas bien hechas. ¿Usted sabe qué?

Que si sé qué, le preguntó Vitriólico. Y Abimbaíto le respondió:

— Es momento de exigir y de rendir cuentas; de frenar en seco las interrupciones del proceso de aprendizaje; de expulsar el sindicalismo y la política de las aulas; de reivindicar la urgencia del aprendizaje. Es tiempo de colocar a la escuela en la prioridad más alta y de actuar en consecuencia.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.