La Regla de Taylor y la meta de Inflación

«David Ricardo (1824) escribió en su plan por el Establecimiento de un Banco Nacional que a los ministros “no se les podría confiar, sin riesgos, con el poder de emitir papel moneda” y adelantó la idea de un banco central guiado por una regla. Knut Wicksell (1907) e Irving Fisher (1920) propusieron reglas de políticas para la tasa de interés o para la oferta monetaria para evitar los episodios inducidos por la inestabilidad monetaria que provocaron hiperinflación o depresión. Henry Simons (1936) y Milton Friedman (1948, 1960) continuaron esa tradición reconociendo que reglas de política monetaria -tal como la regla de un crecimiento constante de la oferta monetaria- evitaría tales errores en contraste con la discreción». John B. Taylor, Rules Versus Discretion: Assessing the debate over the Conduct of Monetary Policy, octubre 2017

John B. Taylor es profesor de economía en Stanford University y estuvo en la lista corta de candidatos que fueron entrevistados por el presidente Trump para sustituir a Janet Yellen en la gobernación de la Reserva Federal. Lamentablemente, no fue seleccionado y la Reserva Federal de Estados Unidos perdió la oportunidad de tener un presidente tan talentoso como Taylor -y a quien se menciona como un posible ganador del Nobel de Economía-; en cambio, fue elegido Jerome Powell, un abogado con experiencia en el área financiera.

Taylor tiene una vasta producción en materia de política monetaria, incluyendo un libro extraordinario -Getting off track- en el que analiza las raíces de la crisis financiera de 2008, que llevó a la gran recesión en la economía internacional. Pero el aporte que mayor notoriedad y reconocimiento le ha dado es la denominada Regla de Taylor, originalmente presentada en 1992. Básicamente, la idea fue el diseño de un «sistema monetario que evitara choques monetarios y que protegiera a la economía de otros choques y, por tanto, redujera los chances de inflación, crisis financieras y recesión», de acuerdo con el autor. Esto se traduce en menor incertidumbre y mayor credibilidad alrededor de la política monetaria.

Específicamente, la Regla de Taylor creó un algoritmo para la determinación de la tasa de interés como instrumento de política monetaria, fundamentado en la brecha del producto (potencial y observado), así como la desviación de la inflación observada versus la meta de inflación. Para el caso de Estados Unidos, dicha regla propuso -posteriormente adoptada por la FED- una meta de inflación del 2%. Asimismo, la tasa de interés real de equilibrio fue definida en 2%. En equilibrio desaparece la brecha del producto, así como la diferencia entre la inflación observada y la meta; por tanto, la tasa de interés nominal fue definida en 4% (2% de interés nominal más 2% de inflación).

A pesar de la simplicidad del mecanismo, en la practica ha funcionado bastante bien, destaca Taylor. Y, aclara, que esa simplicidad era parte de tener una regla que pudiera ser utilizada en la práctica, en contraposición con otras reglas muy complejas y de muy baja operatividad. En un reciente panel, celebrado en The Brookings Institution, sobre el tema de si la FED debiera o no cambiar la meta inflación del 2%, Taylor planteó que el fin de la era de “la gran moderación” (menor volatilidad en el ciclo económico acompañado de mayor independencia de los bancos centrales y una política monetaria más eficaz) ocurrió en los principios de este siglo debido que la FED mantuvo las tasas de interés muy bajas durante un tiempo excesivo, desviándose de las políticas que hubiesen resultado si la FED se hubiese mantenido dentro de las recomendaciones que indicaba la Regla de Taylor. Esto, a su vez, se convirtió en un factor que precipitó la mencionada crisis financiera.

La Regla de Taylor tiene explícitamente una meta de inflación, pero dicha regla y el esquema de meta de inflación no son lo mismo. Se puede tener un esquema de meta de inflación sin que se adopte una regla como la de Taylor. Para el caso de la economía norteamericana, la política monetaria tiene mandatos que van más allá de la estabilización de precios –como objetivos de crecimiento y empleo-, algo que no es compatible con un esquema de meta de inflación centrado exclusivamente en la estabilidad de precios. Desde 1990, cerca de 30 países han adoptado el esquema de meta de inflación –incluida la República Dominicana- y en un alto porcentaje de esos países la meta de inflación no ha sido alcanzada. Es decir que la adopción de tal esquema no garantiza por sí mismo el logro del objetivo de inflación.

En parte, se debe a que no siempre dicho esquema ha estado acompañado de reglas –como la de Taylor, por ejemplo- que garanticen una previsibilidad en la política monetaria y disminuyan, en consecuencia, la natural incertidumbre que tienen los agentes económicos con relación a las intervenciones de la política monetaria. En el otro extremo está la intervención discrecional –no ajustada a ninguna regla- que puede convertir a la política monetaria en una lotería. Como bien plantea Taylor, la idea es que “una simple regla monetaria con poca discreción podría evitar excesos monetarios debido a déficits del gobierno, descubrimientos de productos o materias primas (commodities), o por errores del gobierno”.

De acuerdo con Taylor una política monetaria basada en reglas genera un mejor desempeño macroeconómico, tanto a nivel nacional como global y que, por tanto, sería recomendable el diseño de un sistema monetaria internacional basado en reglas en cada país. De manera que podría ser interesante un debate en nuestro país acerca de la conveniencia o no de adoptar una política monetaria basada en reglas simples, pero operativas.

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