La teoría monetaria moderna

La importancia de la independencia de la banca central – minimizada por los planteamientos de la MMT– ha sido un factor clave en los procesos de estabilización y recuperación económica que se verificaron a partir de los 90 en América Latina

«Dicho eso, sería tonto asumir que las presentes condiciones favorables durarán para siempre, o ignorar los riesgos reales enfrentados por países con una deuda alta y creciente. Esto incluye potencialmente dilemas de riesgo-retorno más difíciles al usar la política fiscal para combatir una crisis financiera, responder a un desastre natural o pandemia de gran escala, o movilizar por un conflicto físico o guerra cibernética. Tal como una gran cantidad de evidencia empírica ha mostrado, nada pesa más en el crecimiento de largo plazo de un país como estar financieramente incapacitado en una crisis». Kenneth Rogoff, Modern Monetary Nonsense, PS, mayo 4, 2019

En momentos de crisis, como la que se padece a gran escala en la mayoría de los países, surgen las discusiones de cómo financiar las iniciativas extraordinarias que se le atribuyen a los gobiernos para viabilizar la recuperación de la economía. Obviamente que dependiendo de la naturaleza de la crisis las opciones tenderán a ser diferentes. Una crisis económica que se haya originado en una acumulación de malas decisiones de inversión y que requerirían que los mecanismos de mercado – en mayor proporción – faciliten la debida corrección, no es lo mismo que una crisis que se haya originado por una pandemia que ha obligado al cese de las actividades económicas.

Sin embargo, en el contexto de la Teoría Monetaria Moderna (MMT, por sus siglas en inglés) la solución es bien sencilla: el banco central tiene el monopolio de la impresión de dinero, así que el gobierno puede financiarse con dinero fresco salido de las bóvedas del órgano emisor. En otras palabras, el Gobierno no necesita sujetarse innecesariamente a una restricción presupuestaria. La idea luce muy atractiva, especialmente para economistas y líderes políticos que minimizan el impacto del dinero en las presiones inflacionarias y la importancia de la disciplina fiscal para la estabilidad económica; entre ellos, Warren Mosler, Bill Mitchell y Bernie Sanders.

Naturalmente que las propuestas de la MMT son objeto de fuertes cuestionamientos, como es el caso del prestigioso economista Kenneth Rogoff, de Harvard, quien ha dedicado gran parte de su agenda de investigación al estudio de las crisis económicas a lo largo de la historia y ha planteado en su columna de Project Syndicate que «los Estados Unidos es dichoso que puede emitir deuda en dólares, pero la máquina de imprimir no es una panacea. Si los inversionistas se hacen más renuentes a sostener deuda del país, ellos probablemente no estarán encantados de mantener su moneda, tampoco. Si ese país trata de arrojar mucho de ello [dinero], resultará en inflación. Aun moviéndose hacia una economía centralmente planificada (quizás el objetivo para algunos de los que apoyan la MMT) no resolvería este problema». Es decir que el profesor Rogoff no ve que la MMT pueda sostenerse aun en el caso de un país que emite su deuda en una moneda que además sirve de reserva internacional.

En la misma dirección se ha expresado el profesor de UCLA Sebastián Edwards – lo mismo que Paul Krugman – pero enfatizando la experiencia de nuestra región. «La experiencia latinoamericana debiera servir como una clara advertencia para los entusiastas de hoy de la MMT. En una variedad de países, y en tiempos muy diferentes, las expansiones fiscales que fueron financiadas con la impresión de dinero resultaron en una perdida incontrolable de estabilidad económica. Las ideas de política económica son frecuentemente tan peligrosas en la practica cuando son defectuosas en teoría. La MMT puede ser un caso puntual», argumenta Edwards.

Edwards reseña cuatro episodios para sustentar sus planteamientos: Salvador Allende (1970-73); Alan García (1985-90); los Kirshner (2003-2015), y Chávez-Maduro (1999-presente). Y agrega que estos episodios siguieron un patrón muy parecido: un boom económico inmediato seguido de una crisis económica con hiperinflación, desempleo y un deterioro brutal del salario real. Este patrón tiende a olvidarse debido a que los efectos inmediatos de tales políticas despiertan un entusiasmo que hace ignorar los desastrosos efectos dinámicos. Pero, además, estos procesos ocurren con frecuencia en un contexto de altos niveles de corrupción, lo que se convierte en un incentivo para mantener políticas tan perjudiciales para la economía de un país.

Tanto Rogoff como Edwards advierten de que la MMT es una clara amenaza a la independencia de la banca central. Rogoff entiende que «la próxima batalla por la independencia del banco central está ya librándose. Y ésta podría desestabilizar el sistema financiero global». Por su parte, Edwards mira los peligros de la politización del banco central, y, por tanto, la pérdida de su autonomía; esto hace posible que los gobiernos incurran en grandes déficit financiados por el banco central y su impacto en el resto de la economía; por ejemplo, en Chile el crecimiento de la oferta monetaria fue el 360% y el déficit fiscal del 24% del PIB; y actualmente, el déficit en Venezuela es del 32% del PIB con una oferta monetaria que crece anualmente al 1000%.

La importancia de la independencia de la banca central – muy minimizada por los planteamientos de la MMT – ha sido un factor clave en los procesos de estabilización y recuperación económica que se verificaron a partir de los 90 en América Latina. Contrastan notoriamente los resultados de las políticas recomendadas por la MMT, cuando evaluamos la década de los 80, y los resultados alcanzados luego de que se generalizó el criterio de independencia de la banca central. Es por ello que, además de los méritos teóricos de tal criterio, la independencia de la banca central debe ser visto como un activo altamente beneficioso para la economía. Pero esa independencia debe estar sujeta siempre a la transparencia y la rendición de cuentas.

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