Presidente Fernández, se trata del país, no de usted

Es ese el principal problema de nuestros políticos, creer que van primero que la sociedad. Se requiere mucha autoridad en estos momentos. Y la fuente de poder y autoridad más importante es la que nos falta: la autoridad moral.
$!Presidente Fernández, se trata del país, no de usted

En los inicios de la Mesa de Negociación y Acuerdos de Venezuela del año 2002-2003, facilitados por la OEA y el Centro Carter, fue invitado a colaborar con la misma mi colega de la Universidad de Harvard, William Ury. Como era de esperarse, en su oportunidad, fue recibido por el presidente Hugo Chávez en Miraflores.

La reunión fue pautada para las 9 de la noche, a la que Ury llegó puntual, acompañado de Francisco Diez, director ejecutivo de la mesa. Esperó pacientemente hasta que finalmente el presidente Chávez lo recibe pasadas las 12 de la medianoche rodeado de todo su gabinete. Se saludan y Chávez le pregunta:

- “¿Ury cuál es su opinión sobre la situación de Venezuela?”.

A lo que Ury responde:

- “Presidente he estado conversando con algunos de sus ministros, con algunos líderes de la oposición y creo que ha habido un poco de progreso...”

- “¡PROGRESO!... ¿Qué usted quiere decir con progreso? Ury usted debe ser un tonto, un ingenuo ... Usted no ve los juegos sucios que esos traidores utilizan contra nosotros”.

Reacciona Chávez evidentemente molesto e incluso acercando su cara en forma agresiva a la de Ury y de manera muy alterada continúa por aproximadamente 30 minutos.

Ury se queda escuchando tranquila y proactivamente, pues su objetivo no era ganarle un debate ni una discusión al presidente de Venezuela.

Pasada la media hora, el presidente Chávez, ya desahogado, baja los hombros, cambia el semblante de la cara y le pregunta:

- “Bien Ury... ¿Qué cree usted yo debería hacer?”.

Por supuesto, esa es la expresión de una mente que se está abriendo a escuchar. Las ideas que le dio Ury para ayudar a todo el país fueron aprobadas de inmediato por el presidente Chávez.

La República Dominicana está viviendo momentos muy complejos por los escándalos de corrupción. Todos estamos intentando descifrar un cúmulo de irresponsabilidades y complicidades que estrangula el futuro de las próximas generaciones. La ciudadanía ha perdido la fe en sus autoridades, sean estas judiciales, políticas, eclesiásticas, policiales, académicas o de cualquier otra índole. Pagando incluso justos por pecadores.

El expresidente Leonel Fernández y su equipo han levantado su voz para criticar la legalidad de una resolución de la Junta Central Electoral que intenta poner orden sobre el proselitismo a destiempo en que incurren muchos precandidatos, incluyendo el mismo expresidente.

Juristas de prestigio han opinado en favor o en contra de la legalidad de la medida. No voy a entrar en esa discusión. Solo voy a decir, que el derecho a portar armas en la constitución de los Estados Unidos de América es sagrado desde los tiempos de los padres fundadores de esa nación, también lo fue la esclavitud. El derecho a portar armas luce indiscutible en términos legales hasta que aparece un tirador en una escuela norteamericana y llena de luto familias, comunidades y el mundo. En ese momento termina la discusión y el debate.

Igualmente, nuestro país está postrado ante la corrupción público-privada, precisamente por la falta de orden, de autoridad, de nuestro sistema de justicia, por la ausencia de un régimen de consecuencias y sobre todo por el desorden, la corrupción y el financiamiento doloso de nuestras campañas y así aparece Odebrecht. Es igualmente ahí cuando termina la discusión y el debate.

La implementación del orden y la autoridad es lo que necesita esta nación. Mas aún, pretender restarle autoridad a la JCE en su obligación de poner orden al deteriorado entramado político nacional precisamente por la impunidad y la ausencia de una norma electoral y de partidos políticos que el propio partido oficial no ha sido capaz de convertir en ley en los últimos 15 años, es una muestra de la desconexión con la gente de este país y el momento histórico que vivimos.

Se trata del país, no de usted Dr. Fernández. Es ese el principal problema de nuestros políticos, creer que van primero que la sociedad. Se requiere mucha autoridad en estos momentos. Y la fuente de poder y autoridad más importante es la que nos falta: la autoridad moral.

*Associate MIT-Harvard Public Disputes Program. Universidad de Harvard.

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