El reto del nuevo gobernador
La vulnerabilidad de la República Dominicana ante el endurecimiento monetario
Kevin Warsh juró el viernes el cargo de presidente de la Reserva Federal (Fed), el banco central más influyente del mundo. El nuevo jefe de la política monetaria estadounidense asume la responsabilidad en una coyuntura inflacionaria muy compleja, marcada por la combinación de altos precios de los combustibles y elevados aranceles.
La tarea de Warsh no será fácil. En la reunión de política monetaria de abril, encabezada por el expresidente Jerome Powell —quien podrá mantenerse en la Junta de Gobernadores de la Fed hasta 2028— quedaron de manifiesto las divergencias dentro del Comité Federal de Mercado Abierto, aunque es previsible que aumente el número de miembros favorables al alza de la tasa de interés. El viernes pasado, el gobernador Christopher Waller, quien había defendido recortes de la tasa de interés de referencia, afirmó que el banco central debería alejarse de una posible relajación monetaria manifestada en el comunicado de abril. Sin embargo, precisó que un incremento de la tasa de interés solo debería considerarse si se produjera un desanclaje de las expectativas de inflación.
A fin de contener la inflación, que se colocó en un 3.8% en abril —su nivel más alto en tres años—, el mercado a futuros anticipa un incremento de 25 puntos básicos en la tasa de interés antes del cierre de 2026, lo que la situaría dentro del rango del 3.75% al 4%. Dicho resultado contrastaría con los dos recortes de tasas que se proyectaban para este año antes de la guerra de Irán.
Asimismo, la decisión del organismo emisor chocaría con la posición del presidente Trump, quien ha manifestado su preferencia por una reducción del costo del endeudamiento para estimular la demanda agregada y acelerar el ritmo de crecimiento económico. Durante la ceremonia del juramento, el mandatario aseguró que Warsh cuenta con todo el apoyo de la administración y manifestó su deseo de que actúe con independencia. No obstante, declaró: "Queremos detener la inflación, pero no queremos detener la grandeza."
La tasa de rendimiento de las notas del Tesoro muestra una trayectoria ascendente. El rendimiento de la nota a dos años —especialmente sensible a las expectativas sobre las decisiones de la Fed— se colocó la semana pasada en un 4.13%. A su vez, la tasa de la nota del Tesoro a 10 años, que incorpora una prima que refleja las expectativas de inflación a largo plazo, alcanzó un 4.56%. Ambos retornos se encuentran, respectivamente, 74 y 61 puntos básicos por encima del nivel registrado antes del inicio de la guerra.
Por otra parte, la expectativa de una inflación más elevada en los próximos meses, junto al previsible endurecimiento de la política monetaria, ha provocado un aumento de los costos de los préstamos para la adquisición de viviendas. En Estados Unidos, la tasa hipotecaria a 30 años subió hasta un 6.36%, cifra superior al observado antes del recorte de tasas de la Fed en septiembre de 2025.
En Europa, el mercado financiero a futuros prevé que el Banco Central Europeo (BCE) eleve en junio su tasa de referencia de 2% a 2.25% y que vuelva a incrementarla en septiembre otros 25 puntos básicos. En Alemania, los préstamos a diez años ya rondan el 3.6%, lo que supone un encarecimiento de las nuevas hipotecas. El Reino Unido registró una variación abrupta, con tasas fijas a dos años que pasaron del 3.97% al 5.1% en apenas unas semanas.
Conviene subrayar que las proyecciones sobre tasas de interés no incluyen las consecuencias del desabastecimiento de combustibles que podría darse a partir de junio. Si el precio del petróleo supera los 150 dólares por barril, es muy probable que la tasa de inflación suba más rápido y sus expectativas acentúen su desviación de la meta. Ese escenario obligaría a los bancos centrales de los países de economías avanzadas a adoptar una postura mucho más restrictiva.
El endurecimiento de la política monetaria bajo el mandato de Kevin Warsh afectaría a la República Dominicana. La inflación interanual dominicana se colocó en un 5.11% en abril de 2026, nivel que desborda el límite superior del rango meta fijado por el Banco Central. El resultado refleja localmente el mismo choque energético y geopolítico que complica el trabajo de Warsh. La diferencia es que la Fed enfrenta ese choque con una orientación clara —mantener o subir las tasas— mientras que el Banco Central de la República Dominicana (BCRD) llega a esta coyuntura tras emitir señales contradictorias, consideradas ruidos monetarios, que erosionan su credibilidad.
A finales de abril, el BCRD mantuvo su tasa de política monetaria en un 5.25% y dejó abierta la posibilidad de una postura restrictiva si las circunstancias lo requerían. Pocas semanas después, aplazó hasta enero de 2027 el reintegro de unos 46 mil millones de pesos correspondientes a la Facilidad de Liquidez Rápida, con el argumento de preservar condiciones "adecuadas" en el sistema financiero. El resultado es un banco central que advierte sobre inflación con una mano y, al mismo tiempo, sostiene la liquidez con la otra para evitar el aumento de las tasas de interés. Esa contradicción tiene un costo que los mercados no tardan en cobrar: si los agentes económicos perciben que el BCRD no actuará con firmeza por el temor a afectar el crecimiento económico, las expectativas de inflación podrían desanclarse.
El panorama se agravaría si el precio del petróleo superase los 150 dólares por barril, umbral que analistas internacionales no descartan. Para una economía importadora neta de energía como la dominicana, esos precios llevarían a una inflación por encima del 7%, en un entorno donde la Fed subiría su tasa de política. En la República Dominicana, elevar la tasa de referencia y endurecer de manera consistente las condiciones de liquidez para preservar el anclaje de las expectativas de inflación tendría costos sobre la actividad económica. Sin embargo, no hacerlo, con la inflación fuera del rango meta y presiones externas que apuntan hacia mayores tasas de interés, supondría un ruido distorsionador cuando el mercado necesita señales claras. El BCRD enfrenta una disyuntiva similar a la de Warsh, aunque con menos margen de maniobra.

Jaime Aristy Escuder