Un gobernador acorralado
Con el índice de precios muy por encima de la meta, crecen las presiones para que la Reserva Federal reanude el endurecimiento monetario
Durante la reunión de política monetaria de la semana pasada, la máxima autoridad del banco central de EE. UU. enfrentó una presión inusual dentro de su propio comité. Algunos miembros discreparon de sus planteamientos y votaron a favor de un aumento de 25 puntos básicos de la tasa de referencia, un ajuste que entienden necesario para frenar una inflación que continúa muy por encima de la meta anual.
Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal (Fed), anunció el pasado miércoles que el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) había optado por mantener la tasa de política monetaria en el rango del 3.5 % al 3.75 %. La decisión no sorprendió a nadie, puesto que el mercado ya anticipaba que se mantendría sin cambios en la reunión de julio, aun cuando algunos miembros —considerados halcones monetarios— abogaban por una postura más restrictiva.
La sorpresa se produjo por las declaraciones de Warsh en la rueda de prensa vespertina tras la reunión del FOMC. En esa comparecencia no se ofreció una explicación convincente sobre los motivos de mantener sin cambios la tasa de política. Apenas se insinuó que el aumento de la tasa de interés de referencia podría ser innecesario debido a la reciente subida de los rendimientos de los bonos, pues, al encarecer el endeudamiento, se reducirían la demanda agregada y el ritmo de variación de los precios.
Ese razonamiento presenta una falla. Si el repunte de los rendimientos obedeciera a una genuina restricción monetaria, supondría una buena noticia para enfrentar la inflación. Sin embargo, el mismo comportamiento también puede reflejar que el mercado exige una prima mayor por inflación futura ante la idea de que la Fed carece de un compromiso férreo para contener la inflación, ya que esta permanece desde marzo de 2021 por encima de la meta del 2 %. En consecuencia, mientras la Fed no envíe, mediante su tasa de política, un mensaje contundente de que está dispuesta a luchar con firmeza y en un plazo breve por la estabilidad de precios, resultará muy difícil alcanzar ese objetivo.
El argumento anterior cobra mayor relevancia al tomar en cuenta que el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), la medida de inflación preferida por la Reserva Federal, se situó en un 3.7 % interanual a junio, un nivel muy por encima de la meta. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, se ubicó en el 3.3 %.
Los citados registros de inflación son más preocupantes si se considera el pronóstico del Fondo Monetario Internacional, según el cual la economía estadounidense —impulsada por el auge de la inversión en IA y por el alza de la riqueza financiera que sostiene el consumo privado— crecerá un 2.3 % en 2026, con una tasa de desocupación cercana al 4.2 %, un nivel casi de pleno empleo. Ante ese panorama de crecimiento robusto, mercado laboral ajustado e inflación muy por encima de la meta, todo apunta a que el mensaje de Warsh debió ser más restrictivo. Por ello resulta comprensible que tres de los doce miembros del FOMC hayan votado a favor de un aumento de 25 puntos básicos de la tasa de interés.
Los presidentes Beth Hammack (Cleveland), Neel Kashkari (Minneapolis) y Lorie Logan (Dallas) sostienen que la persistencia de la inflación justifica el aumento de las tasas de interés antes de que sea demasiado tarde y costoso. En particular, Kashkari se muestra dispuesto a apoyar no solo uno, sino varios ajustes de la tasa de interés con el fin de evitar que la inflación se afiance con más intensidad. Incluso señala que "la política monetaria tiene un rol importante para abordar una serie de sucesivos choques de oferta que podrían conducir a una inflación arraigada." Asimismo, Hammack afirma que los incrementos de precios continuarán a menos que la Fed inicie su apriete monetario. Logan, a su vez, tras reconocer que cada mes de inflación por encima del objetivo erosiona el bienestar de las familias estadounidenses, advierte que "una acción modesta a corto plazo reduciría la probabilidad de que sea necesario tomar medidas contundentes más adelante."
A la fecha, el mercado prevé con una probabilidad de un 66% que el FOMC autorice en septiembre un aumento de 25 puntos básicos, lo cual sugiere que el número de partidarios a favor del ajuste lograría la mayoría necesaria para aprobarlo. El mercado asigna, además, una probabilidad de un 58% a que en enero de 2027 se realice otro incremento de magnitud similar. Si la cotización del crudo vuelve a superar los 100 dólares por barril y los precios de sus derivados exhiben una trayectoria similar, aumentará la probabilidad de que en septiembre se inicie el ciclo de incrementos de la tasa de política.
El error de Warsh, al desconectar su discurso de la acción que se requiere para frenar la variación de precios, provocó un incremento importante en las tasas de rendimiento de los títulos del Tesoro de largo plazo. Ese salto ocurrió después de la rueda de prensa, lo cual revela que no se trata de un endurecimiento genuino de las condiciones financieras, sino de una mayor compensación que exige el mercado ante la falta de resolución de la Fed para controlar la inflación. En otras palabras, el mercado prevé que la inflación se mantendrá alta y lejos de la meta por más tiempo de lo necesario. La tasa de interés de los títulos del Tesoro con vencimiento a 30 años subió a un 5.28 % —el nivel más elevado en casi veinte años— y la tasa de rendimiento de las Notas a 10 años superó el 4.74 %.
La evidencia empírica rigurosa y la teoría económica sólida terminan por acorralar y someter a la obediencia a los gobernadores de bancos centrales que se distancian excesivamente de la regla de política monetaria óptima. La corrección de rumbo —en este caso, hacia un territorio más restrictivo— es fundamental para fortalecer la credibilidad del organismo emisor y mantener el anclaje de las expectativas de inflación. De lo contrario, la sociedad paga el costo de la ineficiencia con la pérdida de su poder adquisitivo y el deterioro de su bienestar.

Jaime Aristy Escuder