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Los estigmas

Hay que comenzar por reconocer que tenemos en el país a un grupo de maleantes, conectado o no, que se aprovecha de la comunidad gay y sus vulnerabilidades para sacar ventaja y abusar de ellos.

Ser gay no debería ser motivo de vergüenza para nadie, punto. Ni para la persona que lo es, ni para la familia a la cual ese ser humano pertenece. Así de simple, sin tapujos. Lo contrario es negar una realidad tan humana y milenaria como la heterosexualidad.

Que ser gay tampoco requiere gritarlo a los cuatro vientos o presumirlo tanto que parezca la imposición de ese estilo de vida, pues podría ser, pero lo que definitivamente es inaceptable es que se persiga selectivamente a ese grupo de personas para atracarlas o hasta matarlas. Y eso está pasando en República Dominicana, como publicó Diario Libre en su edición de ayer, lunes.  Encima, el motivo de esos crímenes de odio permanece oculto, porque los familiares temen al estigma, tanto como lo hizo quien acabó sumido en las redes de la delincuencia debido a su orientación sexual. La Policía Nacional asegura que los familiares, para evitar el juicio social, se guardan información de la intimidad de las familias que podría ser crítica para resolver los casos, lo cual es completamente posible.

Lo cierto es que no podemos tapar el cielo con las manos. Hay que comenzar por reconocer que tenemos en el país a un grupo de maleantes, conectado o no, que se aprovecha de la comunidad gay y sus vulnerabilidades para sacar ventaja y abusar de ellos. Saben que por temor al estigma social ellos pueden ser extorsionados y hasta liquidados, porque las autoridades tampoco prestan atención y el elemento de crimen de odio no existe. Y también es cierto que hay que hacer algo al respecto, pues no sólo la comunidad gay es vulnerable, también lo son los enfermos mentales o quienes se han metido en relaciones amorosas complicadas. Hay que ponerle calor al asunto, no dejarlo a su suerte, con al menos 25 familias pidiendo justicia y otras más que clamarán por lo mismo en el futuro.

No quiero imaginar lo que se siente cuando se tiene un familiar desaparecido. Debe ser un sentimiento terrible, eso de no saber. Imagino, sin embargo, que tener a alguien que hace algo por uno debe ser un aliciente y esa tarea le toca a las autoridades.

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Periodista puertorriqueño y Subdirector de Diario Libre. Ganó el Premio Nacional de Literatura Puertorriqueña, Categoría Periodismo, en 2018, por sus columnas en el periódico El Nuevo Día, del cual fue Director Asociado.