20180201 https://www.diariolibre.com

El pasado martes no hubo espacio para más emociones en la sala de sesiones del cabildo de Santiago, donde fue declarado “Hijo Distinguido” de la ciudad el prestigioso jurista Ramón Antonio –Negro- Veras. Son muchos mis años a su lado, y siempre lo veo, como en el discurso que pronunció, más enérgico y aferrado a sus convicciones. A Negro lo vi resucitar de entre los muertos el primero de mayo de 1972 cuando luego de una brutal golpiza policial lo metieron en el baúl de un carro y lo tiraron en la morgue del Cabral y Báez; lo he visto al lado de los braceros haitianos enfrentando a los negocios turbios de los poderosos de ambos lados de la isla; lo he visto llorar de rabia e impotencia por la seguridad de su familia y cuando los métodos intimidantes del narcotráfico tocaron la puerta de su casa; lo vi desandar el mundo para denunciar la violación de los Derechos Humanos e invertir los mejores días de su profesión de abogado en la defensa gratuita de los presos políticos. En lo que nunca he visto a Negro Veras es en negociar sus principios ni vender su conciencia, lo que hace más que merecido ese reconocimiento.

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