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Asteroide pasará cerca de la Tierra este martes; NASA se prepara ante futuras amenazas

La NASA destaca la importancia de la defensa planetaria ante posibles impactos futuros

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Asteroide pasará cerca de la Tierra este martes; NASA se prepara ante futuras amenazas
Imagen generada con IA sobre el Asteriode 2026 PO1.

Un pequeño asteroide pasará relativamente cerca de la Tierra durante la mañana de este martes 11 de agosto, aunque los cálculos disponibles descartan que el encuentro represente un peligro para el planeta.

Se trata del 2026 PO1, un objeto de entre 12 y 26 metros de diámetro que alcanzará su punto de máxima aproximación a las 9:38 de la mañana, hora de República Dominicana, según datos actualizados de la Agencia Espacial Europea (ESA).

El asteroide pasará a unos 970,859 kilómetros del centro de la Tierra, aproximadamente 2.5 veces la distancia que separa nuestro planeta de la Luna, y viajará a una velocidad relativa de unos 11 kilómetros por segundo.

Aunque expresiones como "asteroide cerca de la Tierra" suelen generar titulares alarmantes, este tipo de encuentro forma parte de un fenómeno astronómico relativamente habitual. La propia ESA señala que cada mes decenas de asteroides cercanos a la Tierra pasan a menos de 0.05 unidades astronómicas, unos 7.5 millones de kilómetros.

Y el 2026 PO1 no será el único.

Perspectiva de la NASA

El próximo domingo 16 de agosto, el asteroide 2025 AL2, considerablemente mayor, con un diámetro estimado de entre 70 y 160 metros, pasará a unos 842,203 kilómetros del centro de la Tierra, equivalente a 2.19 distancias lunares. Tampoco existe una previsión de impacto.

El paso de estos objetos coincide con una advertencia reciente de un especialista de la NASA que pone el riesgo de los asteroides en perspectiva: no existe motivo para que una persona viva preocupada por un impacto, pero la humanidad sí tiene razones para prepararse a largo plazo.

El experto en asteroides de la NASA, Humberto Campins, explicó en una entrevista con la agencia EFE, realizada durante un congreso celebrado en Oviedo, España, que las personas "como individuos" no tienen "nada de qué preocuparse", debido a que la probabilidad de sufrir un gran impacto durante la vida de una persona es extremadamente baja.

Sin embargo, su valoración cambia cuando el horizonte deja de ser una vida humana y se piensa en la supervivencia de la civilización durante miles o millones de años.

Campins sostiene que los grandes impactos han ocurrido anteriormente y volverán a producirse en escalas de tiempo suficientemente prolongadas, por lo que la humanidad necesita desarrollar mecanismos que permitan identificar con anticipación un objeto peligroso y, si fuese necesario, intentar modificar su trayectoria.

La NASA denomina este conjunto de esfuerzos "defensa planetaria".

Actualmente, sin embargo, no existe evidencia de una gran roca espacial encaminada hacia una colisión con la Tierra. La NASA afirma que no se conoce ningún asteroide de más de 140 metros que tenga una probabilidad significativa de impactar nuestro planeta durante los próximos 100 años.

Experimentos de desviación

Eso no significa que todos los objetos potencialmente peligrosos hayan sido descubiertos. Precisamente por esa razón existen programas dedicados a localizar, seguir y calcular las órbitas de objetos cercanos a la Tierra. La NASA creó en 2016 su Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria para centralizar esos esfuerzos.

La humanidad ya probó cómo desviar uno.

La idea de modificar la trayectoria de un asteroide dejó de pertenecer exclusivamente a las películas de ciencia ficción en 2022.

El 26 de septiembre de ese año, la nave DART de la NASA chocó deliberadamente contra Dimorphos, una pequeña luna del asteroide Didymos.

El experimento consiguió modificar su órbita. Antes del impacto, Dimorphos tardaba 11 horas y 55 minutos en completar una vuelta alrededor de Didymos. Posteriormente, el período se redujo inicialmente en unos 32 minutos.

Fue la primera demostración a escala real de que la humanidad puede modificar intencionalmente el movimiento de un cuerpo celeste.

Ni Dimorphos ni Didymos representaban una amenaza para la Tierra. Fueron utilizados como laboratorio natural para probar una tecnología que algún día podría ser necesaria frente a un objeto realmente peligroso.

Encuentro con Apophis en 2029

Un acontecimiento mucho más espectacular ocurrirá el 13 de abril de 2029, cuando el asteroide Apophis pase a solo unos 32,000 kilómetros de la superficie terrestre.

La distancia será menor que la altura a la que orbitan muchos satélites geoestacionarios.

Apophis tiene un diámetro medio estimado por la NASA de unos 340 metros y su aproximación de 2029 será el paso más cercano conocido con anticipación de un asteroide de semejante tamaño. En algunas regiones del hemisferio oriental podrá incluso observarse a simple vista en condiciones favorables.

Pero nuevamente existe una diferencia fundamental entre pasar muy cerca y chocar.

La NASA ha descartado una colisión de Apophis con la Tierra en 2029 y, después de observaciones de radar que permitieron calcular con mayor precisión su órbita, determinó que no representa riesgo de impacto durante al menos los próximos 100 años.

Precisamente por la extraordinaria cercanía del encuentro, la NASA enviará su misión Osiris-Apex para estudiar cómo la gravedad terrestre modifica al asteroide, mientras la Agencia Espacial Europea prepara la misión Ramses para observarlo durante el sobrevuelo.

Para Campins, que forma parte de Osiris-Apex, estudiar este tipo de objetos tiene además otra dimensión: conocer mejor su composición podría ayudar tanto a proteger la Tierra como a explorar en el futuro la utilización de recursos presentes en asteroides.

El científico explicó a EFE que algunos contienen minerales hidratados de los cuales podría obtenerse agua, además de metales y otros materiales aprovechables para actividades espaciales.

Por ahora, sin embargo, el mensaje inmediato es más sencillo: sí, un asteroide pasará cerca de la Tierra este martes; no, no viene a chocar con el planeta.

El verdadero interés científico está en otra pregunta: si algún día se descubre uno que sí venga en dirección a la Tierra, ¿podremos detectarlo con suficiente anticipación y desviarlo?

DART demostró que, al menos desde el punto de vista técnico, la humanidad ya ha comenzado a aprender cómo hacerlo.

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