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Cómo adaptar la rutina facial en verano: menos productos y más hidratación

La llegada de la estación estival se convierte así en un momento idóneo para resetear la rutina y abandonar algunos hábitos que pueden resultar contraproducentes

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Cómo adaptar la rutina facial en verano: menos productos y más hidratación
La rutina de verano pasa por observar cómo se comporta la piel. (EFE)

Frente a la tendencia de acumular productos y activos, los expertos apuestan por una estrategia mucho más sencilla: escuchar las necesidades reales del rostro, simplificar los pasos y priorizar la protección de la barrera cutánea.

La facialista Cristina Galmiche, referencia en el cuidado de la piel y recién galardonada con el premio Salon Look 2026 por su trayectoria de casi 40 años en el sector, explica a EFE las claves para adaptar con éxito la rutina de cuidado facial en verano.

Lejos de incorporar más cosméticos, la experta defiende un enfoque basado en el equilibrio

"Para mí, lo importante es no saturar la piel, mantener una buena limpieza, reforzar la hidratación y ser muy constante con la protección solar cuando nos exponemos al sol", explica la experta.

La llegada de la estación estival se convierte así en un momento idóneo para resetear la rutina y abandonar algunos hábitos que pueden resultar contraproducentes.

El primer error del verano: seguir utilizando exactamente la misma rutina.

Muchas personas mantienen durante todo el año los mismos productos, independientemente de las condiciones ambientales. Sin embargo, la piel no se comporta igual en enero que en agosto.

El aumento de la temperatura provoca una mayor producción de sebo, mientras que el sudor y la exposición continuada al exterior pueden alterar el equilibrio cutáneo. El resultado es una piel que, en ocasiones, parece contradictoria: brillante y deshidratada al mismo tiempo.

Por eso, la experta recomienda observarla con detenimiento y no actuar por inercia. "Lo identificamos cuando la piel deja de estar cómoda. Si aparece más brillo, tirantez, deshidratación, sensibilidad, granitos o sensación de piel saturada, algo nos está pidiendo ajustar", detalla.

La piel habla: las señales que indican que necesita un cambio

La incomodidad suele ser el primer síntoma. La piel puede sentirse más pesada, reactiva o apagada, incluso aunque se mantengan los mismos productos de siempre. El exceso de brillo, la aparición de pequeñas imperfecciones o una sensación permanente de tirantez son algunos de los indicadores más habituales.

"Por eso es importante observarla y adaptar la limpieza, hidratación y texturas según lo que necesite en cada momento", explica Galmiche. La clave está en abandonar las rutinas rígidas y entender que el cuidado facial debe evolucionar junto a las circunstancias externas.

Si durante el invierno predominan las fórmulas más nutritivas y densas, en verano suelen funcionar mejor las propuestas ligeras, de rápida absorción y con capacidad para aportar agua sin sobrecargar.

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Menos pasos y más estrategia

Durante los últimos años, las rutinas coreanas de diez pasos han impulsado la idea de que cuantos más productos se utilicen, mejores serán los resultados. Sin embargo, la tendencia está cambiando.

"En muchos casos conviene simplificar. En verano la piel suele agradecer rutinas más ligeras, con menos capas y productos que no la saturen", explica sobre el denominado "skinimalismo", un concepto que defiende la simplificación de la rutina y la selección inteligente de los cosméticos.

"No se trata de hacer menos por hacer menos, sino de quedarnos con lo esencial: limpieza, hidratación y protección.

Y, si la piel necesita algo más, incorporarlo siempre con sentido y sin sobrecargarla". Esta filosofía permite reducir el riesgo de irritaciones y evitar una de las consecuencias más frecuentes del verano: la alteración de la barrera cutánea.

Los tres pilares que no deben faltar nunca

Aunque cada piel tiene necesidades específicas, existen tres pasos que permanecen inalterables. El primero es la limpieza. El sudor, los restos de protector solar y la contaminación ambiental hacen imprescindible una higiene adecuada tanto por la mañana como por la noche.

El segundo pilar es la hidratación, un aspecto que a menudo se descuida en pieles grasas por miedo a aumentar el brillo facial. Sin embargo, la deshidratación puede afectar a cualquier tipología cutánea.

El tercero, y probablemente el más importante, es la protección solar. La facialista resume la estrategia en una frase sencilla: "Hay que ser muy constantes con la limpieza y la oxigenación de la piel, y priorizar fórmulas que no saturen".

El debate de los ácidos: por qué muchos expertos prefieren reducirlos

Uno de los grandes interrogantes de cada verano gira alrededor de los ácidos exfoliantes. Ingredientes como el glicólico, el salicílico o el retinol han adquirido una enorme popularidad por su capacidad para mejorar la textura de la piel, disminuir las manchas o favorecer la renovación celular.

Sin embargo, su uso durante los meses de mayor radiación solar genera cierta controversia.

Galmiche adopta una postura prudente. "No se trata de demonizar los ácidos, pero en verano conviene reducirlos o incluso eliminarlos, sobre todo si la piel está muy expuesta al sol". Aunque la reaplicación constante del protector solar resulta imprescindible, no siempre es suficiente para compensar una piel excesivamente sensibilizada.

"La protección solar reaplicada es imprescindible, pero no siempre suficiente si estamos sensibilizando demasiado la piel". Por eso, la especialista apuesta por cambiar temporalmente las prioridades. "En esta época prefiero priorizar limpieza, hidratación, calma y barrera cutánea".

Los ingredientes que sí tienen sentido en verano

Si hay una época en la que la piel agradece determinados activos, es precisamente durante el verano. Los ingredientes antioxidantes ayudan a combatir el estrés oxidativo provocado por la radiación solar, mientras que los componentes hidratantes y reparadores contribuyen a mantener el equilibrio cutáneo.

"En verano me gusta reforzar con ingredientes que protejan, hidraten y ayuden a mantener la barrera cutánea en buenas condiciones". Entre los aliados más recomendables aparece la niacinamida, cada vez más presente en los cosméticos actuales.

"Los ingredientes antioxidantes y la niacinamida pueden ser buenos aliados junto a la protección solar". También destacan algunos clásicos de la hidratación como el ácido hialurónico, la alantoína o el escualano. "Son interesantes activos hidratantes y calmantes".

Eso sí, la experta introduce un matiz importante: más ingredientes no equivalen a mejores resultados. "Siempre depende de la piel y de no sobrecargarla con demasiados activos a la vez".

El nuevo foco de la belleza: proteger la barrera cutánea

Hace unos años la conversación se centraba en eliminar imperfecciones o combatir arrugas. Ahora, la prioridad es otra: preservar la salud de la barrera cutánea. Esta fina estructura actúa como escudo protector frente a las agresiones externas y es especialmente vulnerable durante los meses estivales.

El calor, la radiación ultravioleta, la sal, el cloro y los cambios constantes de temperatura pueden debilitarla, provocando sensibilidad, rojeces o deshidratación. Por eso, la palabra equilibrio se ha convertido en el gran mantra del verano.

"También es importante no utilizar demasiados activos a la vez e intentar no introducir nuevos en esta etapa del año, sobre todo si son activos más agresivos". Lejos de los experimentos cosméticos, la estación estival invita a consolidar rutinas sencillas y fiables.

"La rutina debe ajustarse con sentido, siempre priorizando equilibrio, hidratación y protección". Una filosofía que desmonta la idea de que cuidar más la piel implica utilizar más productos. En verano, precisamente, sucede lo contrario: la piel agradece que se la deje respirar.

(Texto: María Muñoz Rivera)

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