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Cáncer
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Consejos dietéticos durante el tratamiento del cáncer

Mantener una alimentación adecuada no siempre es sencillo, pero sí posible con estrategias prácticas y adaptadas a cada síntoma

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Consejos dietéticos durante el tratamiento del cáncer
El cáncer puede hacer que comer deje de ser un acto natural. (FREEPIK)

El cáncer transforma la vida desde el diagnóstico y en ese difícil camino se puede ver alterada la relación con la comida. Náuseas, cambios en el gusto, pérdida del apetito o problemas digestivos se convierten en parte del día a día, dificultando algo tan esencial como nutrirse.

"Los tratamientos contra el cáncer pueden afectar considerablemente al organismo", explica Grace Fjeldberg, dietista-nutricionista colegiada en el Sistema de Salud de Mayo Clinic, en Mankato, Minnesota. A esto agrega que mantener una alimentación adecuada no siempre es sencillo, pero sí posible con estrategias prácticas y adaptadas a cada síntoma.

Durante el tratamiento, los cambios de peso son frecuentes. La pérdida involuntaria puede disminuir la masa muscular, la resistencia y la calidad de vida, mientras que el aumento excesivo abre la puerta a enfermedades como la diabetes o problemas cardiovasculares.

La recomendación es intentar mantener la estabilidad. Ese equilibrio puede marcar la diferencia en la recuperación y la tolerancia al tratamiento.

La alteración del apetito

El cáncer puede hacer que comer deje de ser un acto natural. Hay quienes pierden el apetito y otros que comen más, especialmente en momentos de estrés.

Para quienes comen menos, la clave está en la densidad nutricional: pequeñas porciones con alto contenido calórico, como yogur, frutos secos, aguacate o mantequilla de maní. También ayuda comer en los momentos del día en que el hambre aparece y mantener refrigerios a mano, recomienda la nutricionista.

En el extremo opuesto, si el estrés impulsa a comer de más, conviene optar por opciones ligeras como frutas, vegetales o palomitas de maíz, y buscar alternativas emocionales: caminar o hablar con alguien cercano puede ser tan terapéutico como una comida.

Náuseas, el obstáculo más común

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Infografía
La comida puede volverse insípida o adquirir sabores metálicos. (FREEPIK)

Las náuseas son uno de los efectos secundarios más limitantes. Frente a ellas, la alimentación debe adaptarse:

  • Preferir alimentos suaves como galletas saladas, tostadas, arroz o sopas claras.
  • Comer en pequeñas cantidades, varias veces al día.
  • Evitar tener el estómago vacío, ya que puede empeorar la sensación.
  • Mantener una hidratación constante, con sorbos pequeños de líquidos.

A veces, incluso pequeños cambios, como acompañar los medicamentos con alimentos secos, pueden aliviar el malestar.

El gusto y la forma de comer cambian

Uno de los efectos más desconcertantes es la alteración del gusto y el olfato. La comida puede volverse insípida o adquirir sabores metálicos, demasiado dulces o salados, indica Grace Fjeldberg.

Ante esto, Fjeldberg sugiere experimentar: intensificar sabores con limón o especias, usar marinados, o sustituir proteínas si la carne resulta desagradable. Incluso cambiar los utensilios, optando por plástico o bambú,  puede reducir el sabor metálico.

Cuando los olores se vuelven intolerables, estrategias simples como consumir alimentos fríos, ventilar la cocina o delegar la preparación de las comidas pueden hacer una gran diferencia.

Otra condición que suele presentarse es el dolor en la boca o la garganta, así como la dificultad para tragar, obliga a modificar la consistencia de los alimentos.

Las preparaciones suaves, como purés, cereales cocidos, huevos revueltos, junto con alimentos fríos como batidos o helados, facilitan la ingesta. También es importante evitar comidas irritantes, como las picantes, ácidas o muy crujientes.

Todo parece extremarse en el sistema digestivo y en ese mar de molestias puede aparecer diarrea o estreñimiento.En caso de diarrea, se recomienda optar por alimentos blandos, bajos en fibra, evitar la cafeína y el alcohol, y mantener una hidratación adecuada, incluyendo bebidas con electrolitos.

Si el problema es el estreñimiento, la solución pasa por aumentar la ingesta de líquidos, incorporar fibra, mantener horarios regulares de comida y moverse, aunque sea con caminatas cortas, recomienda Grace Fjeldberg.

Cada paciente responde de manera distinta al tratamiento, indica la especialista de la salud. Por eso, el equipo médico se convierte en un aliado clave para anticipar síntomas y ajustar la alimentación según las necesidades.

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