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A la familia también hay que ponerle limites

Reconociendo la disfunción familiar

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A la familia también hay que ponerle limites
No será fácil poner límites, pero es la forma de respetarte a ti mismo. (SHUTTERSTOCK)

¿Recuerdas a esa tía que cada vez que hay reunión familiar te pregunta, "¿por qué no te has casado todavía?", o a tu hermano, a quien le prestas dinero constantemente y nunca te lo paga. O quizás tú seas ese que quiere controlar lo que todo el mundo hace sin respetar las decisiones ajenas, solo porque son familia.

La familia puede ser nuestra mayor fuente de seguridad, apoyo y bienestar, pero también puede ser una de las relaciones con mayor poder para traumatizar y dañar a una persona. Es bueno ser leal a la familia, porque nos da sentido de pertenencia y es bonito y sano estar en paz con la familia donde crecimos, siempre que sea posible. Sin embargo, cuando la familia viola tu espacio personal, no respeta tus "no", te obliga a hacer lo que no quieres, te controla y abusa, es hora de poner un alto.

Si la lealtad a la familia se convierte en un impedimento para vivir tu vida, tomar tus propias decisiones, crecer como persona, tener pareja, vivir en paz o ser feliz, entonces estamos hablando de una familia enferma o disfuncional. Los mecanismos que más se utilizan en este tipo de familias son: la manipulación a través de la culpa —"tanto que te he dado y mira cómo me pagas, eres desconsiderado, ya tú no nos amas"—, al sentirte culpable accedes y faltas a tu propia persona por miedo al rechazo o el desprecio de tu familia. También el control y la fuerza, porque les ayuda a conseguir lo que quieren. No será fácil poner límites, pero es la forma de respetarte a ti mismo, prestar atención a tus necesidades y límites personales, lo que tú quieres y necesitas importa y los demás deben saberlo. Claro está, la familia se va a resistir cuando pongas límites, posiblemente te acusen de ser irrespetuoso, que te crees mejor o que más sabes, pero eso es normal, a nadie le gusta que le digan no, o que le pongan un alto a su conducta, los límites no son atractivos ni tienen buen sabor para nadie.

Valora a tu familia, respétala y ámala, pero pon límites claros para que la relación esté basada en el respeto y el buen trato. Aquí te dejo cómo hacerlo:

  • Hazlo con respeto, amor y amabilidad.

  • Practica el amor propio y respeta lo que tú quieres y necesitas.

  • Acepta que decir no también es bueno.

  • Ten valor, ponte firme y sé directo.

  • Aguanta la crítica, la manipulación y la culpa, no todos lo van a aceptar.

  • Dale tiempo a tu familia para que haga los cambios.

  • Aprende a ser asertivo y di lo que sientes y quieres.

TEMAS -

Psicóloga clínica y terapeuta familiar y de pareja. Directora del Centro de Sanidad Emocional y Psicoterapia. Contacto de consulta: 809-848-7008