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David Toscana: Un caminante a ciegas en el bosque de la literatura

Con este premio, el mexicano se une a la lista de escritores mexicanos que han sido galardonados, reafirmando su lugar en la literatura contemporánea

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David Toscana: Un caminante a ciegas en el bosque de la literatura
El escritor mexicano David Toscana (d) (Monterrey, 1961) se ha alzado con el XXIX Premio Alfaguara de Novela, uno de los más importantes otorgados a una obra inédita en español, por 'El ejército ciego'. El jurado, presidido por el escritor mexicano Jorge Volpi (i), ha destacado que se trata de una "fábula oscura y poderosa" que, alejándose del relato histórico convencional, ofrece "una lectura simbólica, casi mítica sobre la guerra, el poder y la resistencia". (EFE)

Que David Toscana haya recibido este martes el Premio Alfaguara con una novela que recrea un ejército de soldados búlgaros privados de la vista tiene mucho de simbólico. Cuando escribe, el autor mexicano camina como un ciego, protegido solo por su intuición.

Como ingeniero, tal vez debería hacer planos y diseñar sus libros, pero los empieza sin tener idea de cómo seguir. En su literatura hay mucho de ensayo y error. A veces, después de 20 páginas, lo tira todo a la basura. Así lo reconoció en una entrevista concedida a EFE en 2022.

El premio anunciado confirma a Toscana (Monterrey, 1961) como una de las mejores plumas de la literatura en lengua española, buen cuentista y contundente en las carreras de fondo que son las novelas, como lo demuestran obras como Estación Tula, Duelo por Miguel Pruneda, El último lector, El ejército iluminado, Evangelia, Olegaroy y otras.

Después de escribir El peso de vivir en la tierra, una joya que dialoga con la literatura rusa desde Monterrey, Toscana se convirtió este martes en el quinto mexicano ganador del Alfaguara con El ejército ciego, novela que recrea un episodio del siglo XI, cuando Basilio II, emperador de Bizancio, ordenó cegar a 15,000 soldados búlgaros.

Se trata de una obra inspirada en las crónicas medievales y en la crueldad de las guerras bizantinas, en la que confluyen historia, inventiva y poesía.

Lecturas como en un carrusel

A diferencia de muchos de sus colegas, capaces de disertar sobre autores desconocidos de los cuatro rincones del mundo, Toscana lee como quien da vueltas en un carrusel. No es un devorador de libros, sino un obsesionado con el placer de la relectura.

En su juventud se sumergió en la prosa de Tolstói, Dostoievski, Chéjov, Turguéniev, Bulgákov, Gógol y Ajmátova, y desde entonces ha vuelto a ellos una y otra vez, aunque también se inclina ante Cervantes, Borges, García Márquez, Onetti y los trágicos griegos.

Es probable que su obsesión por los rusos sea una marca de nacimiento. Toscana nació el 7 de noviembre, día de la Revolución de Octubre, aunque suele minimizar ese dato y asumir su pasión literaria como un asunto de familia. Si pudiera, le reclamaría a Tolstói y a los demás con la exigencia de un hijo a un padre.

A Tolstói le preguntaría por qué se estropeó con su moralismo; a Gógol, por qué quemó la segunda parte de *Las almas muertas*; y a Shólojov, si plagió *El don apacible* o si se trata de una obra original suya.

Un obrero de la literatura

Más que novelista, cuentista o columnista, al referirse a David Toscana quizá lo más acertado sea considerarlo un obrero de la literatura, aun cuando la expresión suene a lugar común.

Residente en Lisboa en algún momento de su vida, el mexicano sigue en la literatura una estrategia similar a la del futbolista portugués Cristiano Ronaldo, quien no se pregunta si es un elegido como Messi y, en lugar de filosofar, entrena con rigor, se alimenta bien y se exige al máximo.

Auténtico y alejado del glamour, aunque poseedor de premios prestigiosos, Toscana también desconfía de sus atributos, por lo que envía muchos textos a la papelera. Prefiere dedicar largas horas a conjugar el verbo escribir y a caminar como un ciego, confiando solo en la intuición.

En eso, ha dicho una y otra vez, fue en lo que se educó: en la disciplina. Una frase que, en su caso, le queda como un traje hecho a la medida.

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