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Remesas y salud mental: la ansiedad de sostener a la familia desde la distancia

La ONU reconoce cada 16 de junio a más de 200 millones de migrantes por sus aportes económicos a 800 millones de familiares y comunidades

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Remesas y salud mental: la ansiedad de sostener a la familia desde la distancia
Una clienta entrega billetes de dólar a una cajera. (FUENTE EXTERNA)

Pagos a intermediarios, incertidumbre acerca de cuándo y cuánto dinero llegará, y temor a consecuencias migratorias convierten al envío de remesas en un proceso angustioso, lo que afecta a la salud mental de los migrantes, como exponen varios de ellos a EFE en el Día Internacional de las Remesas Familiares.

La Asamblea de las Naciones Unidas reconoce cada 16 de junio a los más de 200 millones de migrantes que, con sus contribuciones económicas, mejoran directamente la vida de 800 millones de personas, sus familias y sus comunidades de origen.

La venezolana Rebeca Castro, que lleva viviendo en Madrid siete años, cuenta a EFE la ansiedad que le genera el envío de divisas.

Dice que nunca sabe la cantidad exacta que va a llegar a sus familiares, ya que al no haber una entidad regulatoria todo es clandestino: "Ellos juegan con el porcentaje, pero no es un porcentaje que se mantiene, no es lineal y te hacen el cambio a lo que haya amanecido el dólar ese día".

Distintos métodos y los mismos problemas

Detalla que hace transferencia por móvil vía Bizum (proveedor de servicios de pago en España) y el dinero llega al instante a la cuenta de su madre, pero no sabe cuál fue la comisión ni cuánto fue el cambio real del dólar, ya que varía constantemente.

La cubana Yanara Pérez dice a EFE que, cuando llegó a Madrid hace ocho años, enviaba dinero a través de la multinacional estadounidense Western Unión y llegaba directamente a su familia.

Pero ahora "con este tema de las tarjetas, que ya que no existen en Cuba, porque no se pueden utilizar, es más complicado", el dinero tiene que pasar por "personas que se dedican a las remesas, pero no es legal prácticamente, pero es lo que nos salva un poco la vida para poder ayudar a la familia ahí", afirma.

Yanara explica que, para que el dinero llegue a su madre en un pueblo del interior de Cuba, tiene que transferir de una cuenta bancaria española a personas que luego le entregan su equivalente en moneda nacional, quitando una comisión.

"Es lo que medianamente ahora está salvando, porque los bancos no tienen dinero", lamenta.

"Si pones dinero en un banco a una tarjeta que se llama ahora, la tarjeta clásica en Cuba, es un dinero que está limitado, mi mamá no puede sacarlo, o sea, no puede ir y sacar el dinero físico para ir a comprar," lo que dificulta la situación, ya que "ahora mismo casi todos los productos de alimentación y de necesidad básica no se compran en tiendas, los venden particulares", ejemplifica.

Ella envía dinero a su madre hasta tres veces por mes, entre otras cosas para cubrir gastos médicos derivados de una enfermedad cardíaca.

Además de las transferencias, muchos aprovechan las visitas que reciben para enviar con ellos efectivo a Cuba.

También hay compañías y personas que se dedican a enviar paquetes con alimentos de primera necesidad o cosméticos, pero muchas veces el envío cuesta más que la propia mercancía, según Yanara.

Aumenta el riesgo en Estados Unidos

María José llegó a Burien (Washington, EE. UU.) en 2022 y desde entonces se dedica al trabajo doméstico.

Explica a EFE que dejó Guerrero (México), el lugar donde creció, por inseguridad y "porque el dinero no alcanzaba", y quedó en situación de irregularidad después de exceder el tiempo que su visa le permitía estar en Estados Unidos.

"No puedo tener cuenta de banco ni nada a mi nombre", dice, y agrega que, al no poder acceder a servicios bancarios, el envío de remesas a su hijo, quien aún vive en México, es muy complicado.

"Normalmente iba a ´la michoacana´ (una tienda de productos latinos que ofrece envío de remesas), pero desde que empezó lo de las deportaciones ya no lo hago", afirma sobre la endurecimiento de la política migratoria puesto en marcha por el Gobierno de Donald Trump.

Establecimientos como ese cobran entre diez y quince dólares por cada cien que envíen y requieren que los clientes llenen un formulario con sus datos personales, lo que, según relata, la pone en riesgo de ser identificada.

"Sí da miedo, pero no puedo dejar de mandar", asegura al afirmar que varios de sus conocidos han sido deportados.

"A veces me hacen el favor personas que sí tienen cuentas de banco y envían el dinero, pero la mayoría de las veces me toca pagar", añade María José.

Y señala que hay personas que cobran alrededor de cincuenta dólares para "prestarle el nombre": hacen transferencias a sus familiares en México con sus propios documentos.

De acuerdo con Naciones Unidas, "cerca de 700,000 millones de dólares se envían cada año en remesas a países de ingresos bajos y medianos, lo que constituye un flujo financiero amplio, estable y predecible que ya sostiene millones de hogares".

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