Rivalidades deportivas
Desde el mismo instante en que los hombres comenzaron a competir entre si, las rivalidades individuales o de equipos han sido el principal atractivo de los certámenes deportivos y el ingrediente esencial para atraer la atención de las multitudes. En los anales del deporte ha habido rivalidades de tan extraordinaria incidencia, que generaron el interés de personas usualmente apáticas a los eventos atléticos.
Tal fue el caso de los boxeadores estadounidenses Muhammad Alí y Joe Frazier, cuyas peleas en los años 70 del pasado siglo, se convirtieron en grandes clásicos. Los combates entre estos dos extraordinarios gladiadores, matizados por la conmoción social y política que provocó Alí en esa época por su negativa de combatir en la guerra de Vietnam, concitaron la pasión de la gente y hasta aquellos que no eran aficionados a los deportes, siguieron con furor cada uno de sus enfrentamientos. También han sido protagonistas de legendarias rivalidades a nivel personal, Wilt Chamberlain – Bill Russell, en el baloncesto de la NBA; Chris Evert – Martina Navratilova y John McEnroe – Bjorn Borg, en tenis; Ayrton Senna – Alain Prost, en la Fórmula Uno del automovilismo y Arnold Palmer – Jack Nicklaus, en el golf, entre muchas otras parejas que enardecieron al público con sus épicos duelos. A nivel colectivo, igualmente han existido antagonismos históricos entre equipos, cuyos atletas y fanáticos mantienen una sempiterna confrontación y mutuo encono, aún fuera del terreno de juego. Ejemplos ilustrativos de conjuntos cuyos enfrentamientos suscitan el entusiasmo y la algarabía de sus respectivas hinchadas son, Real Madrid – Barcelona, en el fútbol español; Boca Juniors – River Plate, en el fútbol argentino; Yankees de Nueva York – Medias Rojas de Boston, Cardenales de San Luis – Cachorros de Chicago y Dodgers de Los Ángeles – Gigantes de San Francisco, en el béisbol de las Grandes Ligas y Los Angeles Lakers – Boston Celtics, en el baloncesto de la NBA, además de una gran cantidad de clubes en diferentes disciplinas que convierten sus partidos en verdaderas cruzadas. En la pelota latinoamericana ha habido igualmente rivalidades trascendentales, como las de Habana – Almendares, en Cuba; Caracas – Magallanes, en Venezuela; Mazatlán – Culiacán y Mazatlán – Hermosillo, en el torneo del Pacífico mexicano; Tigres – Diablos Rojos, en el circuito veraniego azteca; Senadores – Cangrejeros, en Puerto Rico y Licey – Escogido y Licey – Águilas, en República Dominicana. Actualmente en la pelota nuestra, los partidos entre Tigres y Leones, que hasta hace unos años eran considerados clásicos, han perdido el atractivo de otros tiempos debido al pobre desempeño del conjunto rojo. Licey y Escogido siguen siendo enemigos deportivos irreconciliables, porque incluso este último club fue fundado para enfrentar a los azules, a principios de los años 20 del pasado siglo, producto de la fusión de varios equipos de la época, sin embargo la sequía de coronas durante los últimos 15 años ha alejado a los seguidores de la enseña roja de los estadios. Un resurgir del conjunto escarlata es necesario para un mayor éxito del campeonato de béisbol criollo, porque permitiría a la gran fanaticada capitaleña disfrutar de la reedición de aquellos enfrentamientos legendarios entre los "Eternos Rivales".
Sin las rivalidades, los eventos deportivos resultarían anodinos y desabridos, por lo que es imprescindible conservarlas y consolidarlas bajo un criterio comercial que permita a las franquicias enfrentadas crecer y desarrollarse.