Manresa: un dulce recuerdo con un amargo presente

Manresa, un ícono perdido de la infancia capitaleña

Parte frontal donde estaban las heladerías en Manresa. (Diario Libre/Dania Acevedo)

Manresa era el lugar ideal, durante más de dos décadas, de los capitaleños y provincianos cercanos a la ciudad para disfrutar de un helado, volar chichiguas, presenciar un espectáculo infantil y gozar de juegos mecánicos, pero hoy lo que queda es ruinas y el mar Caribe como testigo.

Durante más de dos décadas niños, adolescentes y adultos disfrutaron de ese espacio en el litoral de la Autopista 30 de Mayo, un área verde arropada por pinos, uvas de playa y cocoteros.

Las larga filas las formaban niños y adultos para disfrutar los hasta entonces, los helados más ricos de la ciudad. Durante la Cuaresma se hacían competencias de chichigüa auspiciadas, principalmente por políticos en tiempos de campaña, pero el principal atractivo eran los sabrosos helados que grandes y chicos degustaban.

Durante años se asoció la Heladería Manresa a las congregaciones religiosas jesuita y salesiana, que próximo al lugar tienen una casa de retiro llamada Manresa Loyola, sin embargo, el negocio responde a la familia de Julio Subero.

  • La propiedad del terreno, unos 18, 726 metros cuadrados, es reclamada por la Fundación Activo 20-30, que alegadamente le fue cedida mediante decreto del año 1975, sin embargo, la Alcaldía del Distrito Nacional ha estado en litis por considerar que es parte del litoral del Distrito Nacional.

Lo que hay hoy

El bullicio y correteo de los niños hace más de 10 años que se apagó. Allí ya no hay alegría, solo hierros retorcidos y corroídos por el salitre, locales de las heladerías destechados y como evidencia de lo que era, solo el piso y las paredes quedan.

Las matas de almendra han dejado caer sus frutos por años sin que nadie se interese por aprovecharlos…parecen una alfombra de frutos secos y recientes. El litoral parece haber sido golpeado por la furia de las olas que no cesan y se incrementan con las tormentas, golpeando las rocas hasta desgastarlas.

Parte interna de los locales. Por (Diario Libre/Dania Acevedo)
Algunas de sus estructuras destruidas.   Por (Diario Libre/Dania Acevedo)
Cuántos recuerdos traen los bancos a los usuarios de hace decadas. Por (Diario Libre/Dania Acevedo)
Los límites del área dedicada a los parqueos. Por (Diario Libre/Dania Acevedo)
Un indigente duerme plácidamente en el tranquilo ambiente. Por (Diario Libre/Dania Acevedo)
Un emblemático lugar  de la ciudad de Santo Domingo. Por (Diario Libre/Dania Acevedo)

Los árboles sin podar y la base donde se colocaban el carrusel y otros juegos evidencia lo que existió. Hoy es un lugar donde se vende sexo en vez de helados y donde pernoctan indigentes y vendedores ambulantes.

Lo viejo, que siempre esta nuevo, es el viento donde los niños, adolescentes y adultos encampanaban y ondeaban sus chichiguas al son y dirección de la brisa.

Manresa es un dulce recuerdo de una niñez que creció con espacios limitados en la ciudad y una realidad de esos adultos que crecieron y que ignoran si alguna vez ese espacio dejará de ser un espacio lúgubre para volver a ser de alegría para generaciones.

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Dominicana O&M. Ha ejercido el periodismo desde 1988 en radio, televisión y periódicos.