Vendedora ambulante testimonia las precariedades de vivir en los tiempos de la COVID-19

Elsa Olivo obedece los lineamientos de las autoridades para evitar contagiarse del coronavirus

Elsa Olivo narra como pasa su cuanrentena.

Elsa olivo es una mujer luchadora que, a pesar de tener una atrofia de cadera, a sus 59 años de edad sale todos los días a las calles de Santo Domingo a vender productos para ganar el sustento de su hija adolescente. Sin embargo, la pandemia de la COVID-19 la obliga a permanecer en casa sin poder recurrir a su única fuente de ingresos.

Olivo, residente del sector Maquiteria, en Villa Duarte, Santo Domingo Este, se dedica a la comercialización ambulante productos Amway. Explica que, “gracias a Dios” y a una ayuda que recibió de un cliente, la primera semana del confinamiento dispuesto por el Gobierno pudo sostenerse con lo mínimo, pero ahora no cuenta con nada.

“Solo porque Jehová me ha sustentado estoy de pie, por aquí no ha pasado nadie”, indica, al referirse a la falta de las diferentes ayudas del Gobierno.

“Yo trabajo, me busco mi comida y la de mi hija, ¿pero en esta situación cómo salgo a la calle?, ¿ahora a quién le vendo? Porque ni las personas quieren los productos, ni puedo salir porque estaría violando lo estableció el Gobierno”, lamenta.

Afirma que hace un esfuerzo sobrehumano para quedarse en su casa porque entiende la magnitud de la amenaza y las implicaciones que tiene el coronavirus que provoca la COVID-19. “Es una enfermedad que no tiene cura hasta ahora y para nosotros los pobres sería mucho peor (contraerla), al no contar con recursos”.

Teme por su salud y la de su hija porque entiende que si se expone en la calle se puede contagiar y llevar el virus a la casa. Además considera que no debe violentar las medidas establecidas por el Gobierno relacionadas al toque de queda y al distanciamiento social.

Olivo entiende que quizás el Gobierno tiene las mejores intenciones con los programas de asistencia del Plan Social, pero critica la forma en la que esa dependencia entrega los alimentos. “Si fueran de casa en casa, después del toque de queda, y entregaran los alimentos a las personas, indicándoles que si desacatan el toque de queda no les entregaran su ración, la gente se quedara tranquila en sus casas”, señala.

Explica que los encargados de entregar la ración alimenticia llegan a su sector en la madrugada, cuando todos están durmiendo. “Entonces, lo que hacen es allantar con la entrega, pero se van sin dar nada y el Gobierno cree que ellos hacen su trabajo”.

Oriunda de Puerto Plata y egresada Cum laude de la UASD, en la Carrera de Comunicación Social , mención Periodismo. Ganadora del Premio Periodístico en Microfinanzas de Centroamérica y el Caribe.