Fotografía y literatura en la curaduría de Diógenes Moura
Photoimagen 2012
Brasil frente al espejo: ¿quién ve y qué se ve?
Especialmente pensada para representar a Brasil en PHOTOIMAGEN 2012, la exposición ¿De los hijos de esta tierra? reúne fotografías de Adenor Gondim, Claudia Guimarães, Edu Simões, Felipe Morozini, Helena Martins Costa, Marlene Bergamo, Mestre Júlio Santos, Pablo di Giulio, Ricardo Barcellos y del colectivo Cia de Foto. La idea es mostrar una representación de algunos segmentos de la actual producción de imágenes brasileñas lejos de cualquier tipo de exotismo y belleza de las imágenes por la imagen, pues pensamos que la fotografía solo existe cuando sobrepasa sus límites para ir más adelante. En ¿De los hijos de esta tierra? el país visto por la mirada del curador, es un país real, alegre y triste, que siente el dolor y el placer, que vive entre la preservación de su memoria y su abandono mismo, que convive diariamente con la violencia y el afecto, que avanza hacia el día siguiente sin detenerse frente al estigma de "país del futuro". Un país visto y pensado de los ojos para adentro, donde las creaciones de cada uno de estos artistas que aquí presentan sus obras, siguen en busca del descubrimiento de un rostro brasileño, mestizo, y de la procura de respuestas que son valiosas para nosotros: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos?
A partir de Tránsitos, el tema central propuesto por PHOTOIMAGEN, aquí estamos de cuerpo y alma. Fotografiamos lo que nos es caro y representativo. Sobrepasamos los límites de la fotografía documental. Las imágenes que aquí están representadas recorren caminos diversos. Transpiran entre el arte y la religiosidad; avanzan en el remolino que nos habita en nuestro deseo y en el deseo por el otro entre sexo y poesía; anochecen en la fantasía de una noche de carnaval, para el día siguiente descubrir nuestro cuerpo desnudo de cara a la realidad que nos espera; registran nuestros mínimos e inmensos espacios físicos entre el placer de un cuerpo al sol y el devaneo de la moneda perforada del capitalismo frente a la especulación inmobiliaria; se ven sumergidas por el caos en días de tempestad y repletas de armonía interior cuando hablamos de ancestralidad. Y también nos pone frente a un otro mismo yo: de un rostro que nace en Amazonas, se modifica en Pará, cambia el tono de voz en Pernambuco, transforma San Antonio en Ogún en Río de Janeiro, es prisionero dentro de los autos en medio del tráfico en São Paulo, es rubio-alemán-polonés en Santa Catarina, toma mate en Rio Grande do Sul en el mismo lugar donde alguien grita "gol" en la sala y en una esquina de esta misma casa una abuela pide salud para todos prendiendo una vela a Nuestro Señor de Bonfim. ¿Cuántos países somos nosotros? ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos?
De todo esto, la fotografía podrá ser un testigo. Para nosotros es un placer mostrar al pueblo dominicano un poco de nuestra forma de mirar y pensar con imágenes que necesitan urgentemente ir más allá. Porque la mirada no ve. La mirada distingue.
No podía dejar de sentirme nervioso al saber que conversaría a uno de los curadores más importantes de la fotografía a nivel mundial, además de ser un galardonado escritor. Al googlear su nombre me encontré con cantidad de entrevistas y artículos sobre él, me puse más nervioso y como fotógrafo creí que me sentiría intimidado ante este personaje.
Me esperaba a las 3:00 de la tarde en el Museo de Arte Moderno, donde aconsejó sería el mejor lugar para la entrevista. Llego a las 2:55 y lo encuentro en una silla esperándome junto a nuestra buena amiga, brasileña también, Cristiane Grando. Luego de un breve saludo caminamos hacia una de las salas donde, sin darme cuenta, me encuentro rodeado de la fuerza de las imágenes que componen esta exposición y por un instante me quedo sin aliento sin saber por donde empezar, con una sonrisa que iluminaba la sala entera Diógenes me dice que me hablará en "portuñol" (Portugués y español) reimos por un momento y mágicamente el nerviosismo desaparece y todo fluyó como que nos conocieramos hace tiempo.
En el siguiente video Diógenes nos hablá sobre cada una de las series montadas en la exposición.
Luego del recorrido por cada una de las colecciones entramos en detalles de su trabajo y vida.
-Diógenes, ¿Cómo fue el proceso de selección de artistas y obras para esta exposición?
- Yo escogí las fotos para Photoimagen que hablara sobre tránsitos y ha sido un tema muy agradable porque si ves la razón del signo y la representación de la imagen tu puedes pensar como eso puede ser cambiado, tránsito puede ser muchas cosas. Por ejemplo lo podemos ver en la serie "El Deseo" como es el caso de la captura de una mirada, de un rostro en las fotografías de Edu Simões, el tránsito representado en la foto pintura o de esas personas que tienen un sueño de carnaval que ese mismo sueño se desmorona en los días siguientes. Entonces yo soy especialista, estudio... no sé si soy especialista, pero estudio exclusivamente la fotografía brasileña y esa fotografía brasileña aparece todos los tiempos ligada a la literatura y yo trabajo como escritor. Pensé, sobre todo, mostrar un país real donde hay encuentros y desencuentros, pasión y odio, dolor y placer. Esta exposición fue pensada desde ese punto de vista.
Yo conocía todo el trabajo de todos, de estos artistas yo solo no había trabajado con Claudia Guimarães quien tiene una de mis imágenes preferidas de la historia de la noche de Sao Paulo y resume la historia de una época.
Entonces son figuras muy claras que exigen ser mostradas y no de ese país horriblemente turístico como se ve por ahí en varias partes, que no habla de nuestra realidad, de nuestra verdad.
Entonces todos estos fotógrafos fueron escogidos silenciosamente para que tuviéramos esa representación.
-¿La fotografía brasileña como la situarías en el panorama mundial, principalmente comparada con Estados Unidos y Europa?
La fotografía brasileña es una fotografía que vino a ser descubierta, descubierta no... tal vez entendida muy claramente en las últimas tres décadas, hay un frescor muy grande, hay muy buenos fotógrafos trabajando y hasta creo que el arte actual está en América Latina. Entonces yo trabajo mucho, no con fotógrafos de Estados Unidos pero si de Europa y veo que en América Latina está el frescor del arte en su totalidad. En Brasil estamos en un momento muy especial porque hay muchas personas dedicadas al estudio, la investigación y los avances no solo del punto de vista de la mirada, sino del punto de vista técnico que para mi significa muchas cosas, más no puede significar nada porque importa mucho como se mira, como se entiende y como se puede resumir el signo de la fotografía, lo que un fotógrafo quiere decir.
-¿Hasta donde un fotógrafo puede valerse del uso de las herramientas tecnológicas, como photoshop, para trabajar sus imágenes?
Primero un fotógrafo es un fotógrafo, no creo en esa cuestión de ser fotógrafo documental, de publicidad,. un fotógrafo es un fotógrafo. Aquí hay fotos que son documentales pero que se distinguen, que van más allá. Nosotros tenemos la manía de encasillar a los fotógrafos: este fotógrafo es documental, este fotógrafo es de ensayos, este fotógrafo es de publicidad para mi eso no existe, existen los fotógrafos que saben mirar, que saben distinguir.
Esa es una cosa, la segunda cosa es que en este momento existe una gran probabilidad de equipamientos, los celulares, las cámaras modernas que es muy bueno y no sé a donde vamos a llegar.
Hicimos una gran exposición en la Pinacoteca de Sao Paulo el año pasado y en mi pesquisa me di cuenta de tres cosas: No saben qué fotografiar, no saben dónde fotografiar más que, verdaderamente, saben cómo fotografiar. La cuestión de Photoshop y de las técnicas de post-producción está resumida en esa última frase, cómo fotografiar. Si hay una expectativa de los fotógrafos y una buena resolución de crear los resultados pueden ser buenísimos, si no hay los fotógrafos no existen. La cuestión está en la mirada, la cuestión está en los signos, la representación de la fotografía, no en el uso de la tecnología y photoshop.
-Cuando hablamos de Diógenes Moura es inevitable hablar de fotografía y de literatura al mismo tiempo, ¿Cómo mezclas ambas cosas?
Nunca ha habido separación porque mi abuelo, inmigrante portugués, nos contó la historia de la familia a través de álbumes de fotografía y junto con esto crecimos leyendo a un gran poeta, Carlos Pena Filho, y los domingos nos juntábamos a tomar fotografías y leer poemas. Cada vez que hablábamos de ese hombre, era como hablar de un santo, todo se modificaba. Yo escribo desde los 12 años de edad, escribía poemas y no consigo separar la imagen de la palabra, es muy simple y complejo.
¿Tu eres fotógrafo?
No, yo soy escritor y estudio fotografía. Tengo una cámara para documentos privados, pero no tengo interés en ser fotógrafo, porque lo que hago una cosa que es muy seria.
En 2008 te escogieron como el mejor curador de fotografía del Brasil, ¿Qué represento eso en tu vida y tu carrera?
Fue emocionante pero yo no trabajo para ganar premios, es un placer muy grande y una alegría. No soy un hombre de grandes alegrías soy de pequeñas alegrías. (Sonrisa)
¿Cómo te formaste como curador?
Yo escribo desde los 12 años, estudio fotografía desde 1983 y luego fui invitado para fundar y dirigir la TV educativa en Salvador y pasé de la fotografía al campo técnico de la televisión. Entonces yo estudio fotografía desde un punto de vista técnico y lo más importante para mí, descubrir junto con un fotógrafo lo que quiere decir y lo que la imagen quiere decir.
¿Cómo se comparte la responsabilidad de una exposición entre curador y fotógrafo?
Las dos cosas caminan juntas, muchas veces tienes una serie de un fotógrafo estupenda pero la forma de montarla o exponerla no encaja y es un desastre. Y muchas veces pasa lo contrario, un curador tiene la posibilidad de una fotografía que no es tan representativa ponerla en un contexto que sea inmensa. Es el trabajo de dos artistas juntos, un fotógrafo precisa de un curador como un curador precisa de un fotógrafo, si no hay armonía entre ambos no hay nada.
Yo soy exigente y a veces metido, todo esto que ves montado aquí fue a partir de un texto que está puesto allá afuera. Tú lees ese texto y vas a entender todo lo que está aquí dentro. Como dijo Borges: "¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez". Esto una cosa redonda, es un libro, son páginas de un libro.
Al terminar la entrevista me doy cuenta que aprendí tanto de fotografía e una hora como lo he hecho en 15 años presionando el obturador.
* Diógenes Moura es escritor, editor y curador de fotografía. Su libro más reciente, Ficção Interrompida - Uma Caixa de Curtas (Ateliê Editorial), ganó el Premio APCA (Associação Paulista de Críticos de Arte) de mejor libro de crónicas y cuentos en 2010 y fue finalista del Premio Jabuti 2011. En 2008 Diógenes Moura fue electo el mejor curador de fotografía de Brasil por Sixpix/Fotosite. Solo entiende la fotografía si la ve como literatura.
A continuación una descripción de cada una de las colecciones de Brasil presentadas a partir de hoy en el MAM para Photoimagen 2012
Adenor Gondim
(Rui Barbosa, Bahía, 1950)
Entre lo Profano y lo Sagrado: Trata el pasaje y la permanencia ancestral entre las integrantes de la Hermandad de Buena Muerte (Irmandade da Boa Morte), una cofradía afro-católica barroca, cuya historia se confunde con la masiva importación de esclavos de la costa de África para el Recôncavo Baiano, región donde está ubicada la ciudad de Cachoeira y donde hoy está instalada esta Hermandad. Constituida solo por mujeres negras, algunas de ellas descendientes de esclavos. Las celebraciones de la Buena Muerte son realizadas en la segunda semana de agosto, durante tres días, en un festejo donde los santos de la iglesia católica son alabados al lado de los orishás; donde las letanías son entonadas con la misma fuerza con la que canta y baila el samba-de-roda la comunidad profana; donde, asimismo, la comida para Oxalá, servida los viernes blancos, es tan respetada como la maniçoba, un manjar típico de la región. Adenor Gondim fotografia esta Hermandad desde 1990. De los ojos para adentro, su fotografía retrata la preservación de una memoria y de un fundamento sin el cual no sería posible entender la historia de una identidad brasileña aún en formación. Mucho menos entender la fuerza de un pueblo limítrofe que se manifiesta entre fe, deseo, sudor, dolor y placer. (DM)
Pablo di Giulio
(Buenos Aires, Argentina, 1957)
Del Real al Inconsciente: Es una serie de imágenes producida en el Carnaval de 2006 y 2007, en el Sambódromo de Río de Janeiro, en un momento de interiorización antes de comenzar el desfile de las escuelas de samba. Al lado del fútbol, Brasil es conocido internacionalmente y perversamente como país del Carnaval. Ni el fútbol ni el Carnaval son verdades que caracterizan nuestra compleja realidad. Pablo di Giulio vive en Brasil desde 1964. Los personajes del samba que aparecen en sus imágenes son verdaderos. Muchos de ellos viven en las comunidades (antes llamadas favelas) conviviendo entre la violencia y el afecto. En estas dos noches cuando los desfiles se desarrollan, el mundo alrededor de cada uno de ellos se modifica: la fantasía domina el imaginario del cuerpo sudado; de la voz que canta el samba-enredo; de la expectativa con la victoria o la derrota de la escuela de samba de su corazón. De ojos cerrados, el fotógrafo ve el otro como a sí mismo: uno, solitario, que se guarda dentro de la fantasía; otro, en el medio de la multitud, con las manos abiertas. Manos que hablan tanto como los ojos cerrados de cada individuo. Todos ellos juntos. ¿Cuál de ellos nos domina? ¿Y cuál será nuestro verdadero rostro cuando la fiesta termine, cuando el día amanezca? Entonces tenemos una narrativa en vértigo: ¿a quién pertenece la verdad de un retrato que será visto el día siguiente? (DM)
Marlene Bergamo
(São Paulo, São Paulo, 1965)
Del Ahora al Infierno Adelante: Son imágenes totalmente producidas durante la madrugada en Bom Retiro, un sector de la región central de la ciudad de São Paulo que surgió en 1820 y que fue así bautizado porque era un área noble de pequeñas y grandes fincas. A partir de 1867, con la inauguración de la Estación Luz, el sector se tornó pasaje obligatorio de inmigrantes de varios orígenes que desembarcaban en el Puerto de Santos. Construido en gran parte por la mano de obra de migrantes llegados del Nordeste de Brasil, después allí llegaron los inmigrantes portugueses, seguidos por los italianos, judíos, griegos y, más recién, coreanos y bolivianos. Es un espacio dedicado a la industria textil con alrededor de 1200 tiendas que actúan entre el casi sofisticado y el popular. Tiene gran movimiento por el día. Cuando el sol se va, personajes soturnos en su abandono vagan por las calles desiertas. Marlene Bergamo utilizó bajas luces para revelarlos en situaciones casi imperceptibles, sombras en las sombras de la noche. Por allí pasan y duermen los que trabajan como carroñeros, los que perdieron sus casas, los que están descomponiéndose con los labios pegados en el pico fino de los cachimbos de crack. Es la poética urbana y cruda de una ciudad en constante reconstrucción. Un grito parado en el aire. (DM)
Ricardo Barcellos
(Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 1962)
Del Viaje Vertical: ¿sueño o pesadilla? Edificios vacíos anuncian mensajes como gigantescos tabloides, se transforman en piel tatuada de signos, esqueletos urbanos abandonados. Nosotros construimos el escenario: haga su historia, anuncia la constructora con su pequeño "poder" de imaginar lo que el otro va a querer en una relación emocional con su futura vivienda y su conquista del espacio propio, ambas comprometidas. Financie su sueño de confinamiento y serás feliz: este es el reflejo de la moneda perforada del capitalismo. ¿Cuál es la salida? Una de las cuestiones que movilizan la serie fotográfica de Ricardo Barcellos está en la relación de los condominios verticales como generadores de entropía: sistemas cerrados, desorganización (¿o sería organización?), caos urbano. En una atmósfera onírica donde la luz fue trabajada con la intención de no ser posible determinar el tiempo real, el lenguaje fotográfico del artista también se torna ambiguo: ¿sueño o pesadilla? Qué haremos con el viaje vertical frente a las localidades agotadas en un mundo contemporáneo donde la mayoría de la población pasó a accionar de tres formas: ¿toman préstamos, se reproducen y compran autos? (DM)
Cia de Foto
(São Paulo, São Paulo, 2003)
Entre la Naturaleza de las Cosas: La lluvia es un ejercicio realizado por la Cia de Foto a partir de un reverso de la naturaleza en la ciudad de São Paulo: las lluvias de verano. Diluvios agravados por el mundo de concreto estruendosamente construido de punta a punta de la metrópoli. En la serie formada por ocho fotografías y una película de 28 minutos, la propuesta es tener la lluvia como forma, como espacio estético para la creación de cuadros sucesivos. Delimitar la trayectoria y el flujo de los transeuntes en una ciudad que ya no soporta su propia rutina, incluso frente a un hecho que bien podría ser natural. La ciudad se detiene. Tan inmensa y tan frágil. Frágil como todos nosotros. Los retratos fueron realizados en el justo horario en que la población se mueve de regreso a la casa tras un día de trabajo. Una cámara parada da la secuencia a esta especie de agonía: la luz, los gestos, la expresión de la mirada. La película fue captada en el Jardín Pantanal, en la periferia. Un embate entre una absurda rutina versus la aparente calma de una situación incontornable. (DM)
Mestre Júlio Santos
(Fortaleza, Ceará, 1943)
Del Retrato Interior al Exterior del Retrato: Es una serie concebida por Mestre Júlio Santos en su pequeña sala de atelier en un barrio sencillo de Fortaleza. Uno de los raros artistas vivos en trabajar con la técnica de la foto-pintura en Brasil -actualmente utilizando el photoshop- su oficio es el de imprimir su mirada frente a la imagen de los "otros". ¿Será por esto que al romper la línea del tiempo entre la fotografía que le es entregada como punto de partida y la otra -la misma, que será devuelta a cada cliente- esta mirada se mantendrá la misma, aun cuando la memoria de cada imagen gane otros colores, un semblante, joyas, aderezos? Podrá incluso pasar a otro escenario, pero en ningún momento perderá su memoria/identidad. "Una fotografía no es un espejo. Frente al espejo siempre queremos parecer jóvenes, materia de consumo; cometemos los mismos engaños. Frente al espejo no nos perdonamos, queremos ser bonitos, adorados, encantadores, cuando en verdad el tiempo ya nos sacó esta posibilidad. Una foto-pintura es el revés de todo esto", dice el artista. (DM)
Claudia Guimarães
(São Paulo, São Paulo, 1970)
Del Deseo: Entre un cuerpo y otro parte de un diario realizado por Claudia Guimarães cuando "todos los gatos son pardos": la noche, la madrugada y sus derivados. Introducida en el contexto de sus imágenes, la fotógrafa recorrió las noches brasileñas con una especie de cámara íntima para dejar claro que quien fotografía y quien es fotografiado, son frutos del mismo medio: clubbers, gays, el pueblo de la moda, drags, travestis, prostitutas, putos, profesionales de la noche. Todos ellos al borde del deseo. Todos al borde del mundo. Todos al borde de sí mismos en espacios con pocas luces. Unos con un cuerpo dentro del otro. Otros con la mirada disponible. Un diario donde cada uno describe a su manera el tiempo en que vivimos frente a las máculas sociales, políticas, afectivas. Para la fotógrafa no existe la imagen síntesis y definitiva. Lo que importa es el conjunto: todos juntos. Para ella lo que hace sentido son las palabras de Clarice Lispector: "No hay hombre o mujer que al azar no se haya mirado al espejo y se haya sorprendido consigo mismo. Por una fracción de segundos uno se ve como un objeto a ser mirado. A esto se llamaba tal vez narcisismo, pero yo llamaría alegría de vivir. Alegría de encontrar en la figura exterior los ecos de la figura interior: ¡Ah!, entonces es verdad que yo no me imaginé, yo existo". (DM)
Felipe Morozini
(São Paulo, São Paulo, 1975)
Entre el sol, la puerta, la ventana: Es el resultado de la vida en una gran metrópoli, São Paulo, donde la playa más cercana está a unos 200 kilómetros, y aquí, en esta inmensa ciudad, donde edificios nacen como árboles de concreto y alma y lujo y miseria y pensamiento y corrupción y violencia y pasión y más el desafío de vivir y sobrevivir todos los días, tomar un baño de sol es casi una acción épica. Felipe Morozini vive en la Av. São João, sobre un monstruo arquitectónico paulistano llamado Minhocão. Con su cámara/binóculo/ojo pasó a descubrir la rutina de sus antiguos vecinos, ahora personajes dentro de un modo de vivir en movimiento entre la puerta, el balcón y la ventana, en busca de algunos rayos de sol. Pero esto no quiere decir que São Paulo sea una ciudad sin afecto. Tal vez sea la más verdadera de las ciudades brasileñas. Todo dentro de esta metrópoli es límite, especialmente el tiempo: 24 horas diarias no caben para cada uno de nuestros días. Las imágenes del fotógrafo proponen un hoyo en la membrana del lenguaje considerado documental: no sería un robo en la intimidad ajena. Nada tan coherente. ¿Sería entonces la constatación de fragmentos de la existencia humana en busca de un bello cuerpo exterior? No. Así de simple. Así de complejo. Así de saludable. Así de enfermo. Así de trágico. Así de bello. (DM)
Edu Simões
(São Paulo, São Paulo, 1956)
¿De los Hijos de esta Tierra? : Si la mirada del otro surge de su más allá, entonces él no se asemeja a nada, solamente a él mismo. De esta forma, un retrato fotográfico podrá ser revelador de esta frontera: ir del antes al mucho más allá. También podrá construir una narrativa al mismo tiempo pictórica y literaria. Pero ¿cuál es el riesgo que se corre frente a un retrato? Todos. Como medio y como fin. ¿De qué forma una figura anónima podrá ganar una identidad para siempre a partir del momento en que la miramos por primera vez dentro de la fotografía? Los retratos de Edu Simões forman parte de este flujo entre preguntas y respuestas. O sin repuestas. Él fotografió hombres y mujeres que viven en las capitales y en pequeños pueblitos en Brasil adentro: en Recife (Pernambuco), Boa Vista (Roraima), Canudos (Bahía), São José de Belmonte (Paraíba), Rio Jaruá (Amazonas), Belém (Pará). Sus imágenes representan el más puro semblante del hombre mestizo brasileño. En todos los retratos hay la marca de un pueblo en constante mutación. Estos aspectos pueden sutilmente ser notados en el cuerpo y su forma de ser, la mirada, el vestuario, el paisaje donde cada uno de ellos está insertado. Todos estos personajes aquí nacieron o, venidos de otras patrias, aquí se quedaron. Son brasileños, por tanto. Todos tienen un nombre, una historia. En cada uno de ellos hay un país interior. Una frontera que podrá ir del antes al mundo más allá. (DM)
Helena Martins Costa
(Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 1969)
De un Otro mismo Yo: Tiene como punto de partida colecciones de retratos extraidos de archivos anónimos recogidos de expolios, ferias y mercados de libros usados. Trata de una fotografía frente a otra, sin comparación, resumidas en la lógica de la semejanza en la configuración de los cuerpos retratados. Uno pasa a ser el otro. Toda la cuestión de imágenes puede ser pensada como un estudio sobre el retrato (social) y las convenciones que lo construyen. La rigidez impuesta por la pose parece aproximar la fotografía de la estatuaria. Todos los elementos que componen la escena de estas imágenes -pedestales, telas, flores, la carne de los cuerpos- podrán ser "vistos" como parte de una misma materia, más cercana a la solidez del mármol o del cemento. Mucho más que sus sustancias originales. La ausencia de los rostros y la ausencia de los colores contribuyen para este proceso de aproximación. Entonces, ¿qué vemos frente a estos retratos? ¿Uno, o el otro? Un cuerpo inmóvil. Paralisado. Marcado por la acción del obturador: una guillotina, una ópera, un corte en el tiempo y el espacio. (DM)
Dos filhos desta terra?
¿De los hijos de esta tierra?
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Curaduría . Diógenes Moura
Traducción . Cristiane Grando . Orlando Cordero
@mdelcid