Historia DL. - Los MiGs cubanos truenan sobre PP y el gobierno cede

Este es el capítulo final de la versión cubana de los hechos del 9 deseptiembre de 1977 con el papel que jugó cada piloto en la acción

Los pilotos de la Operación Pico. De izquierda a derecha de pie: mayor Benigno Gonzáles Cortés, capitán Arnaldo Torres Biart, capitán Manuel Rojas García, coronel Rafael del Pino, capitán Rigoberto Morales, capitán Evelio Bravo, capitán Armando
SD. Los pilotos se sorprendieron al ver que quien vino a reunirse con ellos era el mismo Fidel Castro, que llegó en su auto ruso negro Chaika, para comprobar cómo se habían preparado. Comprendieron entonces que era una misión de suma importancia.

Fidel los reúne en el despacho de Martínez, de cuya pared colgaba un mapa a todo color que incluía a República Dominicana, Haití y la parte oriental de Cuba, con un enorme título a color que decía "Operación Pico". Les hace mil preguntas sobre los aviones, sobre cada piloto, sobre el estado anímico, si existía alguno con problemas familiares o de otro tipo, les explica las causas políticas del incidente, la misión a cumplir. Recuerda Henry Pérez: "La misión consistía en darles una contundente lección para que ellos mismos sacaran conclusiones de lo que éramos capaces de hacer". Al final, Fidel les dice: -¡Creo que todo está muy bien!, la única observación que les hago es que deben darle indicaciones al personal técnico para que les quiten las marcas de fabricación a los tanques auxiliares de combustible que se verán precisados a lanzar cerca de Puerto Plata una vez que los consuman. Aunque el gobierno dominicano sepa que somos nosotros los que violamos su espacio aéreo, no debemos dejar ninguna huella que contenga letras rusas, para no comprometer a la Unión Soviética. Además, toda esta operación la estamos haciendo a espaldas de ellos.

Fidel les desea suerte: "Que todo nos salga bien y sólo tengamos que meterles un poco de miedo nada más". Al irse Castro, Rafael del Pino y Henry Pérez siguen planificando las mejores variantes del vuelo, y al terminar, del Pino se va de la base, y algunos pilotos se fueron a hacer ejercicios físicos. Los pilotos fueron acuartelados en San Antonio, y esa noche antes del vuelo, después de comer, jugaron dominó, oyeron música o miraron la TV. A las 22.00 h Pérez revisa el borrado de los letreros rusos, y a las 24.00 llega el jefe de la DAAFAR Francisco Cabrera a hacer una última inspección.

La misión sobre Santo Domingo

A la mañana siguiente del 9 de setiembre de 1977, temprano por la mañana, el escuadrón de MiG-21bis despega en silencio radial de la base de San Antonio hacia Guantánamo, adonde llegan tras recorrer los 900 km en 50 minutos de vuelo a 500-1,000 m de altura en un cielo totalmente despejado. Allí en Guantánamo el personal técnico reabastece los MiG-21bis con rapidez, y todos están ya listos a las 8.30 h para proseguir a su misión hacia Santo Domingo.

La escuadrilla líder vuela al frente y las otras dos a sus lados y detrás, con una separación entre ellas de 500-1,000 m lateral y de 1,000-1,500 m de fondo. Entre las parejas de cada escuadrilla esta separación sería de 50-150 m. El vuelo a 580 km de distancia se haría a la altura óptima económica en el MiG-21bis, de 6.000-8,000 m, lo que permitiría descender los últimos 90 km en potencia mínima (80-85% de revoluciones del motor), manteniendo la misma velocidad. A 20 km del objetivo las escuadrillas se separarían, para "atacar" cada una su objetivo sin molestarse mutuamente, y se reunirían sólo para el vuelo de regreso a Guantánamo.

El simulacro de ataque fue todo un éxito, los MiG-21bis rompen sobre Quisqueya a media mañana. Efectúan varios pases, conectando la post-combustión, y rompiendo la barrera del sonido en vuelo rasante, rompiendo cristales y causando el pánico en la ciudad. Imitan ataques, pero sin emplear armamento alguno, contra la Casa de Gobierno, el Muelle Real, el aeropuerto y la zona residencial. La escuadrilla de del Pino "ataca" el muelle real y el barrio residencial. Al final, Del Pino hace un pase tan bajo, que Pérez pensó que se tragarían todas las antenas de TV de las casas aledañas. Pasaron a corta distancia por el lado de un alto hotel, de cuyos balcones salían los turistas alarmados a ver lo que pasaba, y mirando con asombro las maniobras de los MiG-21, quizá confundiéndolos con cazas norteamericanos. Los F-51D Mustang dominicanos ni intentan despegar, pues como comentó un piloto dominicano: "No podemos hacer nada contra jets".

Todos los aviones regresan sin problemas a Guantánamo. Allí del Pino recibe la felicitación telefónica de Fidel Castro por el éxito del vuelo, y le indican que vuele a La Habana en el Yak-40 de transporte que lo esperaba, para informar personalmente sobre los resultados del ataque. En el Estado Mayor General ya estaban Fidel Castro, el Ministro Raúl Castro, y demás altos oficiales. Del Pino tiene que esperar unos minutos, pues los jefes militares estaban leyendo con interés las copias de las conversaciones entre los mandos militares dominicanos y los altos funcionarios del gobierno, que habían sido enviadas inmediatamente por los servicios de inteligencia cubanos y los regimientos de radioescucha que monitoreaban las comunicaciones de los países vecinos. Del Pino dice que se asombra, pues aunque conocía que los servicios de inteligencia cubanos estaban muy bien organizados, "Nunca pensé que fueran tan eficientes hasta poder incluso monitorear las conversaciones telefónicas de las dependencias gubernamentales".

El gobierno dominicano cede

Los dominicanos llaman a la 13.00 dispuestos a arreglar el incidente diplomáticamente, pero todavía no han liberado a los barcos, y el ultimátum de 24 horas dado por Castro a los dominicanos se terminaba a las 10.00 de la mañana del día siguiente 10 de setiembre. Al escuadrón se le da la orden de que se prepare a bombardear Santo Domingo. Allí debían ser atacados los cuarteles del Ejército, la Marina y la Policía con entre otras armas, bombas rusas FAB-500 de 500 kg. Los objetivos estaban en zonas densamente pobladas, y como tales bombas no son de alta precisión sino inertes, pero con un descomunal poder destructivo, capaces de borrar una manzana entera, podrían causar muchas víctimas inocentes. Por eso se cambia el primer objetivo, que debía ser la base aérea FAD de San Isidro.

El 10 de setiembre a las 8.30 h, día del esperado ataque, ya estaban listos los MiG-21bis con sus armas y se daba el briefing con los pilotos mientras del Pino esperaba la confirmación de La Habana. En ese momento llega el esperado cifrado del alto mando: "Barco devuelto. Regresar con el circo a casa a las catorce horas. Firmado Senén Casas Regueiros, Jefe Estado Mayor General".

Ya no hacía falta el golpe aéreo. El Gobierno de la hermana República Dominicana razonablemente liberó al mercante cubano y la crisis terminó.

Destinos

La suerte de cada piloto participante en la "Operación Pico" fue diferente. El capitán Raúl Hernández Vidal muere 5 meses después, cuando su MiG-21bis es derribado por la AAA somalí en la guerra del Ogadén, Etiopía. Casi al mismo tiempo en ese conflicto fue derribado Benigno Cortés, que logra catapultarse a salvo, y siguió su carrera en la FAR. Ya en 1976 Cortés había participado con del Pino en varios combates en Angola. Arnaldo Torres combate en Etiopía y Angola. Manuel Rojas cumple misiones contra Bahamas en 1970, en Etiopía en 1978, y varias veces en Angola, siendo allí derribado en setiembre de 1987, cayendo prisionero por 7 meses. Rafael del Pino llega a General de Brigada y sustituto del jefe de la DAAFAR, y deserta a Estados Unidos en 1987. Henry Martínez participa en varias misiones importantes en Angola, dirige los MiG-21bis en la defensa de Canganba en 1983, y llega a ser el piloto más condecorado de la FAR. Jorge Villardel en 1980 hunde el patrullero bahamés "Flamingo", y participa en numerosas misiones en Angola hasta 1988, llegando a altos puestos de la FAR. Pedro Pérez llega a ser jefe de la FAR.

Continuará