Argentina, un país de desigualdades que vota entre desencuentros
Pablo Ramón Ochoa
Buenos Aires, 28 oct- En La Matanza, 30 kilómetros de calles sin fin son una muestra de la Argentina entera, de los contrastes que la pueblan, de la polarización del país entre dos modelos irreconciliables, de una tendencia política mayoritaria de apoyo a la candidatura presidencial del peronista Alberto Fernández.
Claro que si una persona va este domingo a Argentina y visita solo San Justo, el centro de La Matanza, mayor municipio de la provincia de Buenos Aires, creerá que es porque solo se presenta él: el peronismo está por los cuatro costados de la plaza donde se encuentra la municipalidad.
Un gigantesco cartel de Fernández, sonriente, se despliega en el lateral de un edificio contiguo al colegio electoral al que acuden los primeros votantes de la mañana en un día que puede marcar el futuro del país, que en el último año y medio se ha visto afectado por una severa crisis económica -hubo un 54,5 % de inflación en los últimos doce meses-.
En una de las esquinas, la gente desayuna en una cafetería con un canal de televisión cercano a la oposición que rotula 'Alberto Fernández saca a pasear a Dylan' -Dylan es el perro del candidato, que además de candidato es guitarrista y fan de Bob-.
En la plaza de San Justo no hay ni rastro de material de campaña del presidente Mauricio Macri, ni de sus candidatos en la provincia ni el municipio.
Uno de los votantes más madrugadores es Roberto Guichou, que ronda los setenta años: 'uno no anda mal pero ve alrededor que está todo muy mal (...). Argentina necesita un gobierno que le haga entender a la gente que tiene que ser un poco más solidaria, que no abandona al que tiene al lado', dice a Efe.
LA MATANZA, UN BASTIÓN PERONISTA
Este bastión peronista donde viven cerca de dos millones de personas reproduce las mismas desigualdades que el resto de América Latina, solo que a pequeña escala.
De San Justo a González Catán hay unos veinte minutos en coche. Allí está el Arroyo de las Víboras, un barrio humilde de casas de ladrillo sin revestir, calzadas sin asfaltar y polución insalubre que hace dos semanas quedó inundado por completo, con centenares de afectados, muchos de ellos niños.
Allí hay un comedor de la organización social Barrios de Pie, llevado adelante por los propios vecinos, y donde este domingo electoral todos están reunidos para hacer tortas fritas y compartir un poco de relax después de que las calles se secaran.
Al frente están Ramona Alegre y su hijo, Maximiliano Gutiérrez, de 27 años, que tiene una discapacidad y anda con muletas pero enseña las fotos de cuando hace quince días rescató las pertenencias de mucha gente con el agua por la cintura.
'La gente quiere que se vaya (Macri), está cansada de sufrir hambre, de pasar necesidades, (...) se está dando cuenta de lo que hizo el Gobierno cuando dijo 'pobreza cero'. Y yo me pregunto: ¿de quién está hablando?', reflexiona.
Para Gutiérrez, 'va a ser mejor que se vaya y que venga algo bueno que pueda estabilizar todo este quilombo (lío) que armó él'.
RAMOS MEJÍA, REDUCTO MACRISTA
El presidente sí cuenta con un reducto en La Matanza, en la zona de Ramos Mejía, que aporta sufragios a su campaña del 'Sí, se puede', que congregó a decenas de miles de seguidores en Buenos Aires y Córdoba durante esta semana y consiguió crear una sensación de optimismo en el oficialismo a pesar del varapalo de las primarias.
'La Argentina de Macri es educación, esfuerzo, tratar de salir adelante con muchas dificultades, que las hay, no se hizo todo bien, pero se reconocen los errores', cuenta Ivana Ioculano, que es una de las más de 100.000 personas que fiscaliza (vigila las elecciones) para la candidatura de Juntos por el Cambio.
A no tantos kilómetros del barro de González Catán, Ioculano considera que no se le podía pedir 'milagros' a Macri para que acabe con la pobreza.
'Hace 70 años que hay pobres', remarca y considera que es un problema de educación: 'hay gente que tiene siete hijos pero no tiene educación; vos no podés traer un hijo al mundo si no lo podés mantener y no podés pretender que el Estado te pague todo'.
'En La Matanza siempre estuvo el peronismo y siempre se inundó. A mí no me lo cuenta nadie, yo para salir de mi casa, si llueve de golpe, el agua me llega a la rodilla', afirma.
TRAS LOS COMICIOS SEGUIRÁ INCERTIDUMBRE
Mientras, Ramona Alegre sigue desplazada de su casa, cuatro paredes de diez metros cuadrados ahora inhabitables. Perdió todas sus pertenencias, excepto un armario y el frigorífico. Intentará volver a su casa cuanto antes, dice, si le donan un colchón, porque el dinero que recibe del Estado lo tiene que utilizar para pagar un alquiler de emergencia, al mismo tiempo que atiende a unos 100 menores en el comedor.
Ella dice que se siente 'olvidada', una 'extraterrestre' a ojos del Gobierno de Macri y también de La Matanza, gobernada por el peronismo, que 'no se hace cargo' de llevarles las cosas más básicas, como provisiones, tras las inundaciones.
'Cristina dio mucha ayuda a los pobres. Se inundaba igual pero había ayuda, nos daban bonos', añade sobre la exmandataria, ahora candidata a vicepresidenta con Alberto Fernández.
Y, mientras tanto, Argentina dirimirá su futuro político, que va a la par del económico, en un país en el que unos se inundan hasta las rodillas y otros hasta la cintura. Pero casi todos se inundan. EFE
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