Bruselas redobla esfuerzos para remontar su rezagada campaña de vacunación
Bruselas, 27 ago (EFE).- En un país que puede presumir de tener una de las tasas de vacunación más elevadas del planeta, su capital es una triste excepción. Mientras Bélgica en su conjunto roza el 70 % su población completamente inmunizada, la ciudad de Bruselas apenas acaba de superar el 60 % y varios de sus barrios más precarios están especialmente rezagados, por debajo del 50 %.
Con estos datos, Bruselas no dará este 1 de septiembre el nuevo paso a la normalidad que sí alcanzan la región sureña de Valonia (78 % de vacunación total) y Flandes, al norte (89 %), con medidas como el final de la limitación de horario y de aforo en la restauración.
Las autoridades federales casi parecían disculparse con los vacunados ('los que cumplieron su parte del contrato social') al anunciar que la tasa de inmunización bruselense no les permitía avanzar a la siguiente fase de la desescalada.
'Es importante enviar esta señal, aunque sé que puede ser difícil para los vacunados. Tendremos que trabajar en la vacunación para convencer a los habitantes de Bruselas', afirmó el primer ministro, Alexander de Croo.
Para ello, y aunque han comenzado ya a cerrar algunos de los grandes centros de vacunación que han enfrentado el grueso de la campaña desde principios de año, la labor de inmunización se va a mover al nivel más local posible.
Desde el próximo lunes, los bruselenses podrán recibir la dosis única de la vacuna de Janssen en lugares como uno de los dos Primark más céntricos de Bruselas, en Ikea o en algunos supermercados Carrefour diseminados por la capital, así como en farmacias de los barrios más retrasados en la campaña.
Incluso los constructores que trabajen en zonas de obras en Bruselas podrán acceder al pinchazo entre cimientos y ladrillos si la compañía dispone de una habitación para ello, entre otras iniciativas con las que se espera llegar a sectores de la población como los inmigrantes.
LOS BARRIOS MÁS PRECARIOS, LOS MENOS VACUNADOS
Una investigación del diario francófono Le Soir ha revelado una altísima correlación entre el producto interior bruto, el desempleo y la tasa de vacunación de cada uno de los distritos bruselenses: el pudiente sureste de la capital sobrepasa el 70 % de vacunados mientras que la mayoría de distritos pobres del centro y oeste apenas llegan al 50 %.
'No todos somos iguales en cuanto a la cultura de la salud', explica a Le Soir la investigadora Camille Fortunier, cuyos estudios sobre los vínculos entre la desigualdad y el coronavirus revelan la necesidad de integrar a las poblaciones más vulnerables a la hora de diseñar la estrategia de vacunación.
En este impulso para inocular 16.000 dosis por semana a partir de septiembre, la iniciativa más visible para llegar a esta fracción de la población es la de los autobuses de vacunación, que se mueven especialmente entre los distritos más precarios y permanecen en lugares céntricos de esos barrios, buscando a quienes, tras más de medio año de campaña, aún no han acudido a vacunarse.
En Anderlecht, la tercera comuna de Bruselas con la tasa de vacunación más baja, pocos hablan francés en la parada del 'vacubús'. En inglés alcanzan a explicar que hablan urdu mientras esperan a que pasen los quince minutos tras recibir el pinchazo.
Y en una estrategia de comunicación diseñada para la clase media que habla inglés, francés, alemán o neerlandés, los más despegados del sistema no saben en ocasiones ni siquiera que tienen derecho a vacunarse o pueden manejarse con las herramientas digitales necesarias para reservar cita.
'Todos los días viene gente que nos dice que tiene un amigo o su mujer sin papeles y nos preguntan si pueden venir, y se lo explicamos. Tenemos personas que vienen sin papeles, inmigrantes ilegales que no están regularizados en Bélgica. El objetivo de esta acción es vacunar a todo el mundo', explica a Efe Hardy Thomas, el médico responsable del 'vacubús' de Anderlecht.
De manera informal, los grupos de acción vecinal apoyan el esfuerzo de las autoridades sanitarias: grupos de vecinos y trabajadores locales de los barrios que buscan ser el enlace entre los servicios sociales y de salud y la población. Son personas como Sylvie, que hablan con sus vecinos para transmitirles que tienen el derecho a inmunizarse de forma gratuita, sea cual sea su situación legal.
'Hay muchas barreras, como el idioma y la brecha digital. La gente no sabe ni dónde vacunarse ni que tienen el derecho a vacunarse. Nuestra misión es responder preguntas', cuenta Sylvie a Efe.
Hardy, el médico del 'vacubús', cree que este esfuerzo adicional debe mantenerse para ponerse a los niveles del resto del país y no es pesimista. 'Hay cosas que se están implementando aquí en Bruselas para intentar alcanzar al resto del país, así que no diría que estoy preocupado. Se está intentado reducir la diferencia', confía. EFE
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