El argentino Mauricio Kartun vuelve a Madrid en busca de sus 'acratistas'

Madrid, 16 oct (EFE).- De la misma forma que José Luis Cuerda y su película 'Amanece que no es poco' tiene una legión de fans autoproclamados 'amanecistas', el argentino Mauricio Kartun ha generado con su 'Terrenal. Pequeño misterio ácrata', que mañana vuelve a Madrid, su propia 'barra brava', su club de 'acratistas'.

'El pasado domingo nos despedimos en Buenos Aires para venir a España y, sin que nosotros lo supiéramos, los espectadores organizaron una especie de fiesta, como en una cancha de fútbol. Fueron un público gozoso muy lejos del anonimato silencioso', explica en declaraciones a Efe el director y dramaturgo.

La obra, estrenada en 2014, lleva seis temporadas consecutivas en la cartelera bonaerense, con más de 80.000 espectadores, y abrirá la séptima en febrero, tras ocho funciones programadas más en noviembre.

La primera vez que se vio en Europa fue en 2016, en el festival Temporada Alta de Gerona, y en 2017 se estrenó en el Teatro de la Abadía, en el marco del Festival de Otoño, a donde vuelve ahora.

'Estas cosas son como el amor: no tienes que explicártelo, solo disfrutarlo. No sabemos el por qué de este éxito pero sí sabemos que el publico disfruta mucho de la habilidad histriónica de los actores -Claudio Martinez Bel, Claudio Da Passano y Rafael Bruza- y ríe y piensa', detalla.

Quizá por eso, especula Kartun (1946), en Buenos Aires ha generado ese fenómeno de fans, de espectadores que repiten una y otra vez y arrastran a otra gente.

La obra, galardonada en 25 ocasiones, 'es' la 'parábola' de Caín y Abel, 'montada con los códigos de la comicidad, de lo popular pero también del monólogo y del stand-up con una poética tomada del mundo de los payasos', detalla.

Sus referentes visuales son Buster Keaton y su 'imperturbabilidad', con los actores ataviados como protagonistas del cine mudo, y, por otro lado, son personas 'esperando a un tercero que no llega'.

La idea de esta obra, recuerda su creador, nació de la sorpresa que le produjo leer en un libro sobre mitos hebreos que 'lo de Abel y Caín era el enfrentamiento entre tribus sedentarias y nómadas porque eran modelos políticos diferentes'.

La primera sería la sociedad de la acumulación, el germen del capitalismo, y la segunda la 'ácrata', la de 'vivir simplemente con lo que se podía cargar, una horma de mayor libertad'.

Pero Caín y Abel, precisa, son, además del patrón y el obrero, del que tiene y del que no posee: 'Una dupla inseparable dentro de cada uno de nosotros. Son roles intercambiables y lo importante es saber que somos parte de esa dualidad'.EFE

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