El circo, una vía de escape para los niños de la guerra de Afganistán
Baber Khan Sahel
Kabul, 18 feb (EFE).- Malabarista, ese era el sueño de infancia de Rabia Ahmadi, una adolescente afgana que vio su deseo cumplido hace ocho años gracias a la labor de un circo escuela que desde 2002 intenta que los más pequeños recobren parte de la inocencia perdida tras décadas de guerra ininterrumpida en Afganistán.
'Es una sensación especial y diferente jugar con otros niños en grupo, al disponer de un montón de aparatos de juego', asegura a Efe Rabia en Kabul, donde se ubica la sede principal del Circo Educativo para Niños Afganos (AECC), que con 2.500 miembros, en su mayoría huérfanos, desplazados internos y pobres, está presente ya en 11 de las 34 provincias afganas.
MALABARES Y PIRUETAS
La instalaciones de la capital las conforman una pila de contendedores multicolor, de tres pisos de alto, en los que niños de distintas edades se divierten haciendo contorsiones, malabares con pelotas o pirámides humanas.
'Vine aquí para hacer malabarismo y piruetas, me gustan mucho las acrobacias', dice a Efe Ali Akbar, de 6 años, uno de los miembros más jóvenes de este circo escuela.
El pequeño acróbata de 6 años es hijo de un vendedor de leña, y al igual que la mayoría de los niños de este país, donde más del 50 % de la población vive por debajo del nivel de la pobreza, sus familias no pueden permitirse los objetos con los que practican.
'No tengo bolas como estas o juguetes en casa', explica Ali mientras hace malabares.
Afganistán es considerado por organizaciones de derechos humanos como la 'zona de guerra más letal del mundo para los niños', amenazados cuando salen de casa, juegan al aire libre o llegan al colegio, un problema que se acentúa en el caso de las niñas, privadas de los derechos más elementales.
NIÑOS DE LA GUERRA
Un informe de Unicef publicado el pasado diciembre revela así que el conflicto en curso mató o mutiló en 2019 a un promedio de nueve niños cada día, lo que lo convirtió en uno de los países más peligrosos del planeta para los más pequeños.
Además de las miles de víctimas anuales, con 6.500 niños muertos y casi 15.000 heridos entre 2009 y 2018, la guerra también ha provocado traumas psicológicos en millones de niños afganos.
Según una encuesta publicada por la ONG a favor de la infancia Save the Children el pasado noviembre, dos tercios de los padres encuestados aseguraron que sus hijos crecen con miedo a las explosiones, la violencia armada, el sonido de los helicópteros, los secuestros u otras formas de violencia extrema.
Los hallazgos ponen en evidencia además que el 70 % de los padres no tienen acceso a servicios de asesoramiento para sus hijos, y que una gran proporción de ellos sufre síntomas como depresión y ansiedad.
Para Khalilullah Hamid, gerente del programa del circo escuela, el 'objetivo es proporcionar a los niños herramientas de juego en un entorno seguro, donde puedan desarrollar formas creativas de aprendizaje, además de difundir diversión y educación a miles de otros niños en todo el país', explicó a Efe.
Algunos miembros del circo, que cuenta con un 40 % de niñas, viajan regularmente a las diferentes provincias, donde organizan espectáculos circenses en escuelas, calles o parques. Otros también han viajado a Dinamarca, Alemania, Italia y Japón para presentaciones y espectáculos, y los más veteranos han sido contratados como entrenadores en el circo, a pesar de la difícil situación económica que atraviesan, revela.
'La gente realmente respeta y aprecia la actuación del circo, toman fotos y vídeos de los niños cuando organizamos espectáculos al aire libre en calles y parques', concluye Hamid orgulloso. EFE
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