El cronista de las ejecuciones en EE.UU. que nunca ha sentido culpabilidad

Beatriz Limón

Phoenix (EE.UU.), 10 oct (EFE).- El veterano periodista Michael Kiefer, que ha cubierto cinco ejecuciones en Arizona, estado donde no se ha aplicado la pena capital desde 2014, confesó a Efe que nunca ha sentido culpa por informar de los últimos instantes de vida de los condenados a muerte.

'Nunca he sentido culpabilidad al cubrir una ejecución, porque sé que tengo que estar ahí, como fue el caso de la muerte de (Joseph Rudolf) Wood', dijo a Efe el periodista en referencia a una ejecución de 2014 en la que el condenado murió tras dos horas de agonía, lo que desató un debate sobre las drogas utilizadas.

'Las autoridades la calificaron como un éxito, pero yo sabía que una ejecución no excede de quince minutos', recordó Kiefer.

Para el periodista y catedrático de periodismo de la Universidad Estatal de Arizona, la ejecución de Wood, que llevó a la suspensión de la pena capital en este estado, fue de una 'crueldad excesiva'.

Arizona ha ejecutado a 37 condenados a muerte desde 1976, dos de ellos en la cámara de gas, y en el corredor de la muerte hay actualmente 119 reos.

En Texas, la última ejecución se realizó el pasado 25 de septiembre mediante una inyección letal aplicada a Robert Sparks por asesinar a cuchilladas a su mujer y a sus dos hijastros, y después violar a sus hijastras.

Su ejecución fue la sexta en lo que va de este año y la siguiente, a Rubén Gutiérrez, está prevista para el 30 de este mes.

Con más de medio siglo de ejercicio del periodismo, Kiefer comenzó cubriendo ejecuciones en febrero de 2012 y confiesa que quedó impactado cuando el ejecutado hizo contacto visual con él.

'Me hizo un gesto con la cabeza a través del cristal de la cámara de ejecución ya atado a la camilla. Cuando no respondí, me volvió a asentir, como exigiendo una afirmación de lo poco que quedaba de su humanidad', relató.

Robert Moormann, el ejecutado, sonrío 'beatíficamente' y meció la cabeza de un lado a otro hasta que la vista se le escapó de los ojos, recordó.

Daniel Cook, ejecutado en agosto de 2012, lloró y luego se puso rígido, la barbilla le empezó a sobresalir, se arqueó hacia atrás con la boca media abierta. 'Me recordó una pintura que acaba de ver en un museo de Suiza, conocida como 'Lamentación del Cristo Muerto'', dijo Kiefer.

Otro de los condenados a los que vio morir, Jeffrey Landrigan observó a los testigos de la ejecución con una expresión de temor en su rostro y luego llevó la vista al techo hasta que murió.

Todos estos casos fueron similares en procedimiento y tiempo. Sus muertes se llevaron a cabo en un lapso de 10 a 15 minutos, a diferencia de la 'larga agonía' de Wood.

Lo sucedido con Wood en julio de 2014 atrajo rápidamente la atención y colocó a Arizona al frente en el polémico debate sobre las drogas usadas en el compuesto que contiene la inyección letal.

El periodista, oriundo de Nueva York y residente en Arizona desde hace casi 30 años, recuerda que pudo percibir una leve sonrisa en el rostro de Wood cuando lo acostaron en la camilla y lo ataron mientras el personal médico de la prisión se preparaba para colocar las líneas intravenosas en sus brazos.

La ejecución se llevó a cabo en la 'sala de observación' del Complejo Penitenciario de Florence, un cuarto en el que un cristal separa a los testigos del lugar donde se aplica la inyección letal.

'Wood volvió la cabeza y miró con curiosidad a los cerca de 20 testigos en la sala, entre ellos la familia de sus víctimas, luego volvió a mirar al techo. Las drogas ya habían comenzado a fluir a través de las venas pero no dejaba de jadear', indicó.

Kiefer llevó la cuenta de las veces que Wood abrió la boca durante el proceso: más de 600.

'Lo inyectaron quince veces y su pecho se levantaba y bajaba y hacia un sonido similar al de una gran aspiradora', recordó.

Finalmente, Wood comenzó a jadear con menos frecuencia hasta que el entonces director del Departamento de Correcciones de Arizona, Charles Ryan, 'apareció en la ventana junto a la camilla para anunciar que la ejecución se había completado, luego corrió las cortinas como en una obra teatral'.

Antes usaban en la inyección el profopol, 'pero después de la muerte de Michael Jackson, por usarla, se suspendió y tuvieron que importarla clandestinamente desde Londres', explicó.

'Usaban un cóctel del midazolam, tipo Valium, y un narcótico llamado hidromorfona que retardaba las muertes', explicó Kiefer.

Actualmente las ejecuciones en Arizona continúan detenidas por falta de una droga legal y asegura que ninguna compañía quiere invertir en un narcótico utilizado para 'matar personas'.

'Parece ser que Texas importa la droga de una compañía india, pero Arizona sigue en espera y el corredor de la muerte también', dijo Kiefer.

La pena de muerte es legal a nivel federal y en 29 estados del país, al menos formalmente, porque hay 11 en los que existe una moratoria o no se ha aplicado en la práctica desde hace años. EFE

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