El Mallorca-Barça más atípico de la historia
Palma, 13 jun (EFE).- Todo es excepcional, atípico, en la noche del regreso del fútbol en el estadio Son Moix, que estrenaba nombre con vocación de reclamo turístico -Visit Mallorca Estadi- tras la pandemia.
Muy lejos en el recuerdo quedaron esos Mallorca-Barça que años atrás colapsaba el tráfico en un amplio sector de la capital balear. El choque concentraba a centenares de aficionados esperando a su equipo con banderas y cánticos, obligaba a poner carteles de ’no hay billetes’ en las taquillas y no cabía nadie más en el estadio.
Esta vez se disputa un partido de fútbol sin ruido en los graderíos, jugado con sordina, donde el otrora clamor incesante del público se sustituye por el sonido de animación a través de la megafonía y los gritos de jugadores y técnicos en el césped que retumban como eco. Los jugadores entraron al campo guardando las distancias en el minuto de silencio por las víctimas del coronavirus y se saludaron con los codos.
A falta de hinchas que les animaran los propios futbolistas se dan ánimos (“vamos”, “así, así”, “bien”, “voy yo”), en un ambiente que, seguro, les recordó pasajes de los habituales ‘partidillos’ entre semana.
Los dos centenares de personas que sí tuvieron acceso al campo se sometieron a rigurosas medidas de seguridad sanitaria: control de la temperatura, mascarillas, guantes, gel para las manos.
El aparcamiento de Son Moix, lleno a rebosar en las noches mágicas del Barça en el campo, quedó prácticamente vacío.
No hubo señales de aquellas multitudinarias filas de coches esperando la autorización de los vigilantes jurados para aparcar en medio de torbellinos de gente ansiosa por ocupar su sitio en las gradas.
“Hemos tenido que devolver medio millón de euros a aficionados que ya había comprado su localidad”, dijo a Efe un portavoz del Mallorca.
“Las visitas del Barcelona y de Real Madrid representan los pilares de los ingresos por taquillas del club, y el hecho de jugar sin público causa un serio trastorno a nuestra tesorería”, precisó.
El líder de LaLiga preparó una visita fugaz a Palma. La expedición azulgrana llegó a la isla al mediodía a bordo de un vuelo charter fletado exclusivamente para ellos.
Como marca el protocolo de prevención de contagios, utilizó dos autocares para dirigirse desde el aeropuerto a un hotel donde los únicos clientes fueron Messi y lo suyos.
En todo momento estuvieron escoltados por las fuerzas de seguridad, que mantuvieron a raya a los más de cien aficionados que querían acercarse a sus ídolos.
En los vestuarios del Visit Mallorca inauguraron unas instalaciones previamente desinfectadas y banquillos con distancias de seguridad entre asientos de 1,5 metros.
El director de seguridad del Mallorca, José Costana, reconoció a Efe lo “insólito” que es vigilar un estadio vacío.
“La filosofía de la seguridad en Son Moix ha cambiado. Hay un ‘enemigo’ oculto, que es el virus, y nuestra tarea es impedir que nadie se infecte. Eso de controlar a exaltados o bengalas que caen al campo es el pasado, al menos en las actuales circunstancias de seguridad sanitaria”, explicó.
Costana añadió que habían dividido el estadio en tres zonas: verde (jugadores, túnel de acceso al campo y vestuarios), azul (medios de comunicación) y rojo (todo el perímetro del recinto).
“Se ha seguido a rajatabla el protocolo marcado por LaLiga. No ha entrado nadie que no estuviera en la lista de acreditados y todos los periodistas se dirigieron a sus puestos de trabajo acompañados por un vigilante”, resumió el director de seguridad del Mallorca.
Los empleados de FC Service que toman la temperatura a las personas que acceden al Visit Mallorca Estadi no han informado de ningún positivo desde que, hace diez días, controlan la única puerta de entrada: “Por suerte, no hemos tenido que impedir el paso a nadie”, resumió a Efe uno de ellos, Bartolomé Martínez. EFE.
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