El Paraguay en recesión atento a las convulsiones sociales de la región
José María Hernández
Asunción, 24 oct (EFE).- El Gobierno del presidente Mario Abdo Benítez no oculta su preocupación por un posible efecto dominó de las protestas sociales de la región en Paraguay, sumido en una profunda desigualdad, en receso económico y con un empobrecido campesinado que prepara movilizaciones para la próxima semana.
Desde el Gobierno se reconoce que Paraguay reúne condiciones socioeconómicas para reproducir descontentos como los de Ecuador y Chile, aunque el oficialismo ha explicado esas convulsiones desde la existencia de una agenda de grupos extremistas de izquierda.
Así, Abdo Benítez, del conservador Partido Colorado, preguntado por la agitada coyuntura regional, dijo que obedece a 'proyectos en la región que quieren contaminar ideológicamente nuestra forma de vida'.
Incluso desde el entorno del mandatario señalaron a parte del Partido Liberal, el mayor de la oposición, y del Frente Guasu, izquierda, de estar detrás de planes para promover una inestabilidad política en Paraguay.
Sobre las declaraciones de Abdo Benítez ironizó el presidente del Partido Liberal, Efraín Alegre, el perdedor de las elecciones presidenciales del pasado año, que aprovechó para enderezar el relato del oficialismo.
'Ahora Mario Abdo Benítez descubrió cuál es el problema del Paraguay. Resulta que no es la pobreza, ni la corrupción es el problema. Había sido que la ideología son los problemas', dijo Alegre en una intervención en vídeo.
RECESIÓN Y POBREZA
Las protestas en Chile y Ecuador que el Gobierno mira con atención llegan cuando el país ha entrado en recesión económica y las previsiones de crecimiento se van reduciendo.
El Banco Central pronosticó esta semana que el año se cerrará con un crecimiento del 0,2 %, por debajo del 1,5 % previsto en julio.
Es la última perspectiva en negativo para un Gobierno que alardeaba de estabilidad macroeconómica debido a su saneada deuda pública y su previsible política monetaria con meta de inflación.
Un modelo heredado del Ejecutivo anterior, del también colorado Horacio Cartes.
No obstante, esa bonanza no impactó de lleno en los sectores más débiles.
En 2018 la franja de pobreza se ubicó en 1.679.000 personas, un 24,2 % de la población total y 2,2 puntos menos que el año anterior, según cifras oficiales.
El informe, de marzo, anotaba que más de 335.000 paraguayos (4,8 % de la población) estaba en situación de extrema pobreza en 2018, un aumento de cuatro décimas respecto a 2017.
A ese respecto, y desde la izquierda, al Gobierno de Abdo Benitez, con un año en el poder, se le critica no haber construido un gran liderazgo para edificar un debate nacional que aborde el tema de la pobreza o de la injusta reforma tributaria, que basa su recaudación en los impuestos indirectos.
O de hacer verdaderos esfuerzos para frenar la evasión fiscal y posibilitar mayor inversión social en la deficiente sanidad pública o en el fallido sistema educativo.
O de no atajar la precaria realidad del campesinado, la cara más visible de la desigualdad en el reparto de la tierra, con el 90 % de los terrenos en manos del 5 % de los propietarios, según los datos de la ONG Oxfam.
Las principales organizaciones campesinas van más lejos, y acusan al Gobierno de apoyar a los grandes propietarios en los litigios de tierra que son constantes en el país.
En ese contexto, la Federación Nacional Campesina (FNC), la mayor organización de agricultores de Paraguay, ha convocado una movilización nacional desde el lunes en protesta contra los desalojos de los asentamientos campesinos y la falta de políticas de apoyo a la agricultura familiar por parte del Estado.
La FNC denuncia además la desproporcionada respuesta del Gobierno para esos desalojos, con un inusitado despliegue de agentes policiales.
Un ejemplo de ello, y del hervidero social paraguayo, se vio esta mañana cuando un millar de campesinos que ocupaban una hacienda propiedad de una comunidad menonita optaron por el desalojo.
Que llevaron a cabo ante la promesa de una negociación y de una presencia policial que doblaba en número a los labriegos, y estaba acompañada de dos camiones de agua propulsada, un helicóptero y la caballería montada. EFE
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